Editorial: La Paradoja Porteña de "la Fe sin Obras"
Todos aman Valparaíso, pero ¿cómo es que no se nota? ¿Basta la fe para salvarse o hacen falta también las obras? Hace unos días S.S. Benedicto XVI insistió en la respuesta: "la fe sin obras, no es verdadera". Por Robinson Esparza
Todos aman Valparaíso pero ¿cómo es que no se nota? ¿Basta la fe para salvarse o hacen falta también las obras? Hace unos días S.S. Benedicto XVI insistió en la respuesta: "La fe sin obras, no es verdadera".
Esa respuesta me recuerda las calles de Valparaíso, más aún a la luz del reciente informe “La adscripción territorial de los chilenos y las chilenas: Una mirada desde la estructura de oportunidades” de los investigadores Emmanuelle Barozet, de la Universidad de Chile y Eduardo Candia Agusti, del Proyecto Desigualdades.
Sus resultados destacan la región de Valparaíso como la segunda en Chile con mayor arraigo regional, comunal y barrial. Pareciera ser que la gente de la región tuviera un fuerte orgullo de pertenencia y una especie de "patriotismo regional" que hace que las personas valoren altamente su vida en el territorio.
El por qué la gente siente orgullosa, es sencillo comprenderlo, con fuerte relato identitario de la región, que no solo hace sentir orgullo a los locales, sino que a Chile completo, con bellos espacios urbanos repletos de historia, sus calles cantadas por los poetas y cientos de canciones inspiradas en su historia; la narrativa de ambas ciudades es muy poderosa y seductora. Lejos Valparaíso es la ciudad que ha inspirado más poemas y canciones en Chile, que van desde Sting, pasando por el gitano Rodríguez hasta Los Jaivas, Lucho Barríos y, recientemente, Chinoy, por nombrar los 5 que tengo más a mano.
¿Cuál es la paradoja, entonces?
La paradoja es que con todo este amor e identificación que se siente por Valparaíso y la región, aún no se resuelven problemas básicos y ocurren situaciones como la dramática explosión de calle Serrano a hace ya algunos años o situaciones más domesticas como el deficiente manejo de la basura y descuido en sus calles y edificios.
Algunos culparán al municipio, que por cierto ha de tener responsabilidades, pero en primer término los ciudadanos, deberíamos ser los primeros guardianes del Patrimonio y en este caso no parecieran serlo.
Al hablar con los gestoras culturales del puerto, la queja es la misma: Qué lento se avanza en el cuidado del patrimonio, cuan débilmente protegido está, cuan frágil y vulnerable es y cuánto cuesta aunar esfuerzo para protegerlo y difundirlo... Sin ir más lejos, es cosa de mirar lo que ocurre con los ascensores que hasta hoy carecen de regulación adecuada y de financiamiento que permita asegurarle condiciones básicas de mantenimiento y seguridad.
Ahí se nota la “fe sin obras”: decimos de la boca para fuera nuestro amor por el puerto, pero nuestro compromiso real con la ciudad, no queda demostrado en la obras.
Hay ahí un desafío de los grandes. Ojalá las autoridades ayuden a capitalizar esta identificación que tenemos, para que los ciudadanos, seamos los promotores principales del patrimonio y no su principal amenaza como somos hoy.
En 1970, Pablo Neruda es declarado hijo ilustre de Valparaíso, quien en un magnifico discurso señala lo siguiente:
"Cada día vemos que se va sacando algo, un diente, una muela, una mandíbula a Valparaíso, cada día vemos que vuela un edificio y se hace un cajón de cemento. No soy enemigo de los cajones de cemento, pero hay que ver dónde ponerlos, ya que después vendrán las quejas y lamentaciones...", y citó el ejemplo de Varsovia recuperada magníficamente por los polacos luego de la segunda guerra.
Valparaíso devastado por el tiempo y el olvido sigue esperando...
FOTO: ljubs
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Muy cierto lo que se expone.
Muy cierto lo que se expone. Valparaíso fue en el pasado ya algo lejano, una gran urbe, capital financiera del país, donde empezaron los primeros Bancos, el primer cuerpo de Bomberos, el primer Diario. En el plan se levantaban los imponentes edificios de los grandes comercios y los palacetes de los millonarios de la época, como el de doña Juana Ross vda.de Edwards.
De ese glorioso pasado no queda más que el recuerdo y la historia. Hoy es una ciudad vieja, fea, sucia y maloliente. El escaso patrimonio que queda se ve devorado por las llamas o derrumbado por los temblores. Y lo que va quedando es generalmente guarida de ratones, o pizarra de los antisociales grafiteros. Es verdad que lo del patrimonio de nada ha servido y ninguna autoridad , de ningún color político ha podido sacar adelante a la ciudad.
Las calles principales como los edificios tienen una capa de mugre de muchos años, las veredas no se reparan, los típicos ascensores siguen muriendo uno a uno, y el resto adolece de una miserable infraestructura, como el de Artillería, tan visitado por los extranjeros. Los antiguos y suntuosos cines desaparecieron convertidos en ferias persas o supermercados. El parque Italia que en lejanos tiempos de nuestros abuelos fue realmente eso, un frondoso y elegante parque es hoy un desecho. Se agrega a toda esta miseria la proliferación de ambulantes, perros vagos, delincuentes y la terrible suciedad que es lo más notorio, sobre todo para el turista extranjero.
Y nada más "pintoresco" que al lado del Congreso Nacional, sede de un Poder del Estado, exista la Feria de verduras o cachureos de la Avenida Argentina. Que diríamos si en la Plaza de la Constitución, hubiera una Feria Persa. Como en algunas capitales africanas.
Pobre Valparaíso. Como esas mujeres de alcurnia, que fueron bellas en su juventud, hoy parece la ciudad irremisiblemente destinada a la ruina.
Triste ironía la que muchos hacen: Valparaíso, patrimonio de la suciedad.
Es triste ver lo que pasa
Es triste ver lo que pasa con mi hermoso Valpo. Calles sucias, edificios abandonados y cayéndose, perros vagos, delincuencia. La verdad es que para muchos, el haber sido nombrado patrimonio no ha servido para nada, todo sigue igual. Han pasado 6 años y Valparaíso no da signos de recuperación. Millones de dólares invertidos y no sé donde habrán quedado. Ojalá que esto alguna vez cambie y la Joya del Pacífico vuelva a ser lo que era antes
ehh siendo porteña debo
ehh siendo porteña debo decir que es verdad la falta de valoracion y cuidado de ciertas zonas de la ciudad, pero haciendo referencia al estudio que se hizo tampoco debemos quitarle merito a la parte patrimonial no tangible, como tu dices poemas, su gente, sus vecinos...eso no se ha perdido y jamas lo hara.
Estamos hablando de edificios pero lo que construye esta linda ciudad es el espiritu de todos los porteños que ha psar de muchas tragedia sigue mil y una veces de pie!