Interpretaciones de la Realidad luego del Terremoto

Luego de la destrucción que provocó el terremoto que sacudió nuestro país, viene la reconstrucción de este. Pero ¿Qué rumbo tomamos ahora? Por Eva Soto
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10 de Marzo, 2010 00:03
Por Eva Soto, del equipo del Programa de Políticas Públicas Vicerrectoría de Desarrollo de la Universidad de Playa Ancha
Nuestro país ha sido afectado nuevamente por un sismo de gran magnitud, con un resumen de cientos de muertes y graves daños en la infraestructura pública y privada. La destrucción es enorme: ciudades, pueblos y pequeñas comunidades arrasadas por el terremoto y muchas de ellas por el tsunami que acabó con la vida de comunidades costeras hasta hace poco vivas en su actividad industrial, pesquera o turística.
Al paso de los días, es recurrente la interrogación acerca de cuántas de las muertes, especialmente aquellas provocadas por el tsunami, pudieron ser evitadas no sólo con el aviso oportuno sino con una adecuada planificación territorial que eventualmente hubiese impedido emplazamientos en zonas inundables.
Desde tal perspectiva, la experiencia ilustra que la ingente tarea de reconstrucción deberá realizarse con el concurso de profesionales que cuenten con el conocimiento y con sólidos marcos éticos que garanticen la estabilidad y la seguridad de la vida de los habitantes de los diversos territorios en el futuro. No se podrá adoptar soluciones o estimular reasentamientos que estén guiados por la improvisación o por las lógicas del mercado, porque lo que estará
en juego es la vida de seres humanos, un bien mayor que no es posible someter a riesgos en ninguna circunstancia.
Junto a las pérdidas materiales y de vidas, se observaron respuestas gubernamentales sujetas a críticas por la tardía y descoordinada reacción o por un aparente inmovilismo de los niveles locales o regionales que quedaron largo tiempo a la espera de una ayuda que no llegaba o profundamente paralizados por el comportamiento de algunos de sus habitantes.
Desde esta perspectiva, no sólo es preocupante que la autoridad central respondiera tarde; más inquietantes son las incapacidades locales y regionales. ¿El centralismo es sólo causado por el centro?
También debemos observar la clase de respuestas ciudadanas en el momento inmediatamente posterior a la catástrofe. Por una parte, la natural paralización de parte de la ciudadanía afectada y, muy luego, la aplicación del modelo de la ley del más fuerte o, simplemente, de la delincuencia. Para muchos, el pillaje y el saqueo, el robo en grandes proporciones, fue el modo como se demostró que no se distinguía diferencias entre la urgencia de proveerse de bienes de primera necesidad o de artículos electrodomésticos, entre otros, en una lógica que exhibió tristemente el rostro ominoso
de decenas de ciudadanos. La lógica de la verdadera necesidad se confundió con el delito.
Esta experiencia pone en evidencia que el contenido del modelo de mercado y particularmente del individualismo ha generado buenos consumidores pero, en el mismo instante en que ese modelo deja de funcionar, faltando entonces, agua, luz o alimentos, la ciudadanía queda a la deriva y deja en libre expresión a los instintos.
Como suele ocurrir, también surgió el Chile solidario. Miles de personas en todo el territorio movilizadas por la idea de ayudar sin esperar nada a cambio. Miles de personas que reaccionan guiadas por, esta vez, la sana actitud de contribuir a la disminución del dolor de sus semejantes o por proveerles con celeridad los bienes de consumo básico que posibiliten su sobrevivencia o que hagan menos pesaroso el desafío de existir en un ambiente de destrucción y de necesidades extremas. Asomó, así, la otra parte del carácter del chileno, pugnando por demostrar algo radicalmente distinto, esto es, que no sólo somos consumidores y que podemos generar amor, solidaridad, fraternidad, todo lo cual, y más, exhibe que podemos movilizar y darle sentido a la vida en su esencial y determinante expresión de humanidad, equilibrio y sanidad interior.
De este modo, los chilenos son aquellos que se dedicaron al pillaje, pero también y en número mayoritario, aquellos que estimularon tareas de ayuda y auxilio social que es, esto último, lo que verdaderamente tiene importancia en el escenario global de la gran tragedia que hemos vivido.
Viene luego la tarea de reconstrucción física y material. Sin embargo, una evaluación indispensable y urgente nos dice imperiosamente que deberemos ocuparnos de descubrir el fondo y significación de las reacciones negativas que hemos conocido. Habrá que preguntarse y responderse sobre los orígenes morales o éticos de esas
actitudes. Cuestionar lo que sea necesario cuestionar, de manera que lo que arroje tal indagatoria nos sirva de lección para transformar el futuro. Es cierto que podemos vivir sin esa pesquisa pero, quizás, ese mismo futuro nos reclame mañana nuestra responsabilidad no cumplida.
Entonces, para la reconstrucción, esperamos que se consideren las energías renovables, el uso del viento, el sol y las mareas para generar energía a nivel local; que se considere el estudio del territorio para definir áreas en donde la construcción no es posible; que se impulsen los huertos caseros y comunitarios; que se impulse la participación ciudadana, la cohesión y la integración social, los liderazgos locales, el arte, la poesía, en fin el desarrollo humano hecho de diálogo, ética y educación cívica.
Es probable que, si lo hacemos de ese modo, nunca más una catástrofe haga aparecer desde el fondo de nuestras interioridades esas fuerzas oscuras de aniquilamiento y miedo que hacen gobernar al instinto en desmedro de la conciencia civilizada, a lo menos que se mitiguen esas fuerzas oscuras.
En resumen, cómo hacemos para que, en cualquiera circunstancia trágica, aparezca siempre el potencial del ser humano, aquel que no se mueve ni se perturba aún cuando la tierra tiemble y se mueva. La mantención del orden público obligó a decretar estado de sitio y toque de queda. Como quiera que se interprete, estuvo en estado de sitio, también y dolorosamente, el corazón de muchos chilenos.
Vendrán nuevos terremotos, según dice la experiencia. Tenemos que ponernos en marcha de la mano de algunas nuevas interpretaciones de la realidad que aquí hemos querido esbozar.
“El progreso humano no es ni automático ni inevitable. El futuro ya está aquí y debemos enfrentar la cruda urgencia del ahora. En este acertijo constante que implica la vida y la historia, la posibilidad de llegar tarde existe. Podemos rogarle desesperadamente al tiempo que detenga su paso, pero el tiempo es sordo a nuestras súplicas y seguirá su curso.
Sobre montañas de blancas osamentas y desperdicios de múltiples civilizaciones se observan las terribles palabras: Demasiado tarde. ¿Qué rumbo tomamos ahora: el del caos o el de la comunidad?”

Martin Luther King Jr.

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2 Comentarios

Imagen de Clase Media Chilena

Muy interesante el

Muy interesante el artículo. Le he dado vueltas a lo ocurrido esta semana e incluso he sostenido conversaciones con muchas personas para entender el desarrollo de los acontecimientos que llevaron a no decretar el tsunami, pero aún más grave, a no preparar al país en materias de protección civil.

Razones hay un montón, pero una respuesta que se repetía entre las personas consultadas es el hecho que con el paso del tiempo, los funcionarios públicos, lenta pero progresivamente, han ido adoptando una actitud de no tomar resoluciones que eventualmente puedan producir un perjuicio en sus carreras y todos prefieren que alguien más decida por ellos, idealmente un jefe para que sea su cuello el que pueda caer ante un error.

Lo de decretar la alarma de tsunami pasa a ser como un paradigma de este punto; la prensa ya nos tiene mareados con los instructivos de la ONEMI y del SHOA respecto al tema, que por todos lados disponían la adopción de la medida de avisar la posible llegada de un tsunami.

Ese miedo endémico que tienen muchos funcionarios públicos, se está convirtiendo en las verdaderas termitas de nuestro aparato Estatal; esa situación se aprecia todos los días con lo que sucede con nuestras policías, especialmente Carabineros. La mayoría de sus Jefes y Oficiales tienen una verdadera espada de Damocles sobre sus cabezas, lo que se traduce en que su accionar en muchos casos es excesivamente cuidadoso, ratificado cada vez que observamos el comportamiento de las FF.EE. en las protestas.

Como sea, se ha instalado en el aparato público un cáncer, que en éste caso y dada la envergadura de la tragedia, produjo un resultado terrible. No se si nuestra sociedad y autoridades tendrán la madurez y percepción necesaria para atacar esa vulnerabilidad, pero no me cabe la menor duda que si el tema no es atacado pronto, el olvido natural que tiene una nación con el paso del tiempo, nos va a dejar con el riesgo activo cada vez que ocurra un episodio como el del 27 de Febrero.

Clase Media Chilena

Imagen de Rubén Martinez

El terremoto nos devolvió a

El terremoto nos devolvió a la realidad de cuajo. No somos tan "bacanes" como país como nos pintábamos. Nos creíamos desarrollados y tuvo que venir Hillary Clinton a regalarnos teléfonos satelitales. Pensábamos que teníamos un plan de emergencia listo en caso de catástrofes y quedó la embarrada. Y para colmo, después del terremoto vinieron los saqueos, los que nos demostró que la educación y cultura cívica de nuestro país está por los suelos, que la desigualdad es notoria y que bastó un sólo chispazo para que se desatara el caos. Nos falta mucho todavía.

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