La gestión patrimonial y los ascensores en Valparaíso
El abandono del sistema de transporte tradicional se suma a una lista de errores u omisiones de la gestión del patrimonio cultural de la ciudad. Por Pablo Andueza
La agonía lenta de los ascensores porteños y trolebuses demuestra nuestra obsesión por lo “moderno”, equivalente a la pasión que despiertan las farmacias. Lo “antiguo” es percibido como marca de retroceso y ruina. Quienes nos han gobernado no han hecho otra cosa que llevar las cosas a un extremo aceptando -sin criterios claros- la proliferación de torres de altura y torciéndole la mano a las normas de protección patrimonial.
El abandono del sistema de transporte tradicional se suma a una lista de errores u omisiones de la gestión del patrimonio cultural de la ciudad. Es un hecho, por ejemplo, que de los fondos millonarios que recibimos del convenio con el BID sólo una parte minúscula llegó a los ascensores. También se hace cada vez más evidente que no contamos con un plan de recuperación y ni siquiera, probablemente, una visión compartida de lo que queremos de ellos. Algunos quieren achularlos para boutiques, otros quedan conformes con inmortalizarlos para una postal, como el petrificado Ascensor Barón.
Sin embargo, el sistema de ascensores y trolebuses son un bien cultural de valor excepcional que, por ignorancia, hemos descuidado. Ellos no sólo son un sello identitario mil veces más potente que cualquier Plan Rumbo, sino que corresponden a un medio de transporte contemporáneo que alivia la complicada morfología urbana de Valparaíso a pesar de la vetustez. La asociación de usuarios ha hecho bien en recordarnos aquello en estos meses. Es el verdadero milagro viviente de la ciudad.
El uso de cosas viejas para fines contemporáneos, como el transporte urbano, debe ser la prioridad de una buena gestión del patrimonio de la ciudad. Capitaliza su valor histórico, rentabiliza su uso social.
El abandono del sistema de transporte tradicional se suma a una lista de errores u omisiones de la gestión del patrimonio cultural de la ciudad. Es un hecho, por ejemplo, que de los fondos millonarios que recibimos del convenio con el BID sólo una parte minúscula llegó a los ascensores. También se hace cada vez más evidente que no contamos con un plan de recuperación y ni siquiera, probablemente, una visión compartida de lo que queremos de ellos. Algunos quieren achularlos para boutiques, otros quedan conformes con inmortalizarlos para una postal, como el petrificado Ascensor Barón.
Sin embargo, el sistema de ascensores y trolebuses son un bien cultural de valor excepcional que, por ignorancia, hemos descuidado. Ellos no sólo son un sello identitario mil veces más potente que cualquier Plan Rumbo, sino que corresponden a un medio de transporte contemporáneo que alivia la complicada morfología urbana de Valparaíso a pesar de la vetustez. La asociación de usuarios ha hecho bien en recordarnos aquello en estos meses. Es el verdadero milagro viviente de la ciudad.
El uso de cosas viejas para fines contemporáneos, como el transporte urbano, debe ser la prioridad de una buena gestión del patrimonio de la ciudad. Capitaliza su valor histórico, rentabiliza su uso social.
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Los ascensores son
Los ascensores son tremendamente necesarios para Valparaiso, no solo como fin turístico. Los ascensores deben tambien considerarse como parte del TMV con tarifa integrada entre buses y merval.
Ell anuncio de un convenio
Ell anuncio de un convenio entre el alcalde porteño y el presidente de la Fundación Valparaíso con el gerente de la compañía de ascensores para reabrir cuatro de stos artefactos, cabe plantear la duda acerca de las garantías de seguiridad de su posible funcionamiento.
La advertencia ya fue señalada ante el gobierno regional por un equipo de ingenieros de la Universidad Federico Santa Maria. Por otra parte, si el gerente de los ascensores justificó el cierre del servicio porque carecía de rentabilidad comercial ¿cómo se financiaría la reapertura? ¿Qué aporte económico podrìa salir del presupuesto municipal?