Días de Rock: El Bochorno del Rey

Ese día el vocalista de Pulp golpeó a Michael Jackson donde más le dolía: Irrumpiendo en el escenario para sabotear su coreografía frente a toda la audiencia.  

Imagen de Oscar Rosales
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20 de Febrero, 2012 12:02

El último grito de las producciones de rating fácil que la televisión chilena le ha copiado a los ‘genios’ foráneos, son los programas donde podemos ver a famosos bailando. Por alguna extraña razón que quizá tiene que ver con la posibilidad de ver superada nuestra natural falta de ritmo, sentirnos parte de un extraño y absurdo mundo de fantasía o simplemente por la retorcida atracción de ver anatomías siliconadas en decadente meneo, estos espacios desencadenan hipnótica fascinación en gran parte de los telespectadores. Lo curioso es que en el fondo de todo esto late una cuestión genética, una predisposición ancestral del ser humano por la danza. Baste decir que el ritmo es uno de los principios universales, que en esta vida todo es vibración y que cada cosa tiene sus ciclos y/o su coreografía.  

Y un hombre que encarnó a la perfección el principio del ritmo, sin duda alguna fue Michael Jackson. Lo asimiló desde la más tierna infancia, cuando entró a formar parte de los Jackson 5 y se convirtió en un engranaje más que debía aprender a moverse de manera sincronizada dentro de un conjunto para lograr el efecto deseado. Desde esos primerizos años, un padre severo y castigador le inculcó de mala manera el rigor profesional y la disciplina que siempre mostró en el mundo del espectáculo.  

Ya en solitario llevó esa destreza a un nivel supremo, patentando pasos como el famoso “Moonwalker”, que es algo que la mayoría de los seres humanos ha intentado hacer alguna vez en su vida (con variopintos resultados). A nivel coreográfico siempre fue un perfeccionista, obsesionado con innovar, aunque para eso tuviera que desafiar las leyes de la gravedad. Y es que para él la dinámica de una buena coreografía era tan importante como la calidad que debía poseer una canción para convertirse en hit. De hecho, por cada doble de Jackson como cantante, debe haber 100 que lo imitan como bailarín.  

El autor de “Billie Jean” se convirtió en un ícono y se alzó como El Rey del Pop. Ese título lo conquistó gracias a las tremendas contribuciones que hizo al mundo de la música: Redefinió los parámetros del Pop con su álbum Thriller (el disco más vendido de todos los tiempos), subvirtió el formato del videoclip para crear piezas que eran verdaderas megaproducciones cinematográficas (que en algunos casos podían alcanzar hasta los 19 minutos de duración) y su vida llena de extravagancias lo convirtieron en la criatura favorita del showbusiness. Influenció a toda una generación de artistas que vieron en él una verdadera escuela y un manual imprescindible a la hora de montar espectáculos memorables. El reinado de Michael Jackson era universal y figuras provenientes de los más disímiles estilos musicales le rendían respeto y pleitesía (en el LP “Thriller” colaboraron Paul McCartney y Eddie Van Halen y para cantar “We Are The World” concurrieron figuras de la talla de Bob Dylan, Stevie Wonder y Ray Charles, entre otros).  

Pero hubo un día en que un siervo llamado Jarvis Cocker decidió sublevarse ante el Rey y asestarle un golpe maestro donde más le dolería: Sobre el escenario, durante una de sus preparadas rutinas de baile. Eso sucedió el 19 de febrero de 1996, durante la ceremonia de entrega de los BRIT Awards. En esa versión de los premios, se había invitado a Michael Jackson para entregarle el reconocimiento al Artista de una Generación. Se contempló la interpretación de una canción y Jacko subió al escenario con una multitud de bailarines y niños para dar vida a una rutilante recreación de su “Earth Song”, donde él asumía un papel mesiánico, con los niños acercándosele como pidiendo protección. Es en medio de esa interpretación, llena de efectos especiales y alegatos ante la injusticia en el mundo, cuando el vocalista del grupo Pulp irrumpe en el escenario para sabotear el show de Jacko. Jarvis corre por el escenario, menea el trasero a las cámaras, huye de guardias y bailarines y finalmente se para frente a la pantalla de proyecciones y hace el símbolo de la victoria. El bufón desatando las carcajadas de los presentes a costa del bochorno del Rey.  

Situación no menor: Michael Jackson invitado a recibir un reconocimiento de generaciones de artistas y recibe en cambio la burla colectiva. Pero la gracia le costó cara a Jarvis Cocker: Lo arrestaron y le acusaron del atropello de un niño de once años, de un segundo menor con un corte en la oreja y un tercero empujado fuera del escenario. En su declaración a la policía, Jarvis alegó lo siguiente: "Mis acciones son un forma de protesta por el comportamiento de Michael Jackson, ya que aparenta ser una figura de poder y riqueza celestial, como si fuese Cristo, creyendo que tiene el poder de sanar a la gente. Yo sólo corrí por el escenario. No tuve ningún contacto físico con nadie. Yo no empuje a nadie fuera del escenario. Me siento muy insultado por ser acusado de haber asaltado a los niños. Todo lo que yo intente hacer fue algo que mucha otra gente le hubiera gustado hacer si se hubiesen atrevido." Hubo reacciones divididas, pues si bien muchos aplaudieron el gesto y algunos medios especializados como el Melody Maker hasta pidieron el título de Caballero de la Orden del Imperio Británico para Jarvis, otros asumieron una postura muy crítica, respaldando totalmente a Michael Jackson ¿Y qué dijo el Rey al respecto? “Me siento enfermo, triste, shockeado, perturbado, estafado y furioso. Reconozco a Pulp como artista, pero estoy conmocionado con su falta de respeto que muestran hacia algunos de sus pares”. Posteriormente, todo fue esclarecido cuando se vio el video de la performance y se demostró que las alegaciones eran infundadas.  

Un año antes Pulp había editado su estupendo “Different Class”, el álbum que supuso su consagración definitiva; Jarvis Cocker se sabía victorioso. Lo lamentable fue que empañó la trascendencia artística de un disco excelente, que se sostenía y sostiene por sí solo, con esta acción que muchos vieron como mero truco publicitario para su banda. En declaraciones más recientes, él mismo dejó en claro que le sigue pesando el suceso al reconocer que “Creo que me pasé un poco con aquello (…) Llevaba 15 años en una banda y me hice conocido por 15 segundos ¡Todo el maldito trabajo tirado por la borda!” 

Viendo los últimos ensayos de Michael Jackson registrados en la película “This is It”, para lo que se suponía iban a ser sus shows de regreso, queda claro cuánto le debe haber dolido y frustrado el que le echaran a perder su espectáculo. Mal que mal, con el paso de lo años perdió el talento para crear buenas canciones, perdió la dignidad, perdió la cordura y el respeto como ser humano, pero su inigualable destreza en el baile lo acompañó hasta el final, hasta su último paso vital, el cual también fue algo orquestado.  

Revisa las notas anteriores en Días de Rock

Vea aquí el video del sabotaje de Jarvis Cocker a Michael Jackson 

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