El fin del PRI: Crónica de una muerte anunciada
En realidad, el PRI no es más que eso, donde su paso por la política chilena bajo la conducción de Adolfo ha sido con más pena que Gloria y esta, como diría García Márquez, es la crónica de una muerte anunciada.
Por Carlos Álamo C., Cientista político, Profesor universitario
La política y sus partidos, de acuerdo a las encuestas, se encuentran deslegitimados ante la opinión pública y este es un mérito que han logrado sus protagonistas que durante 22 años han protagonizado escándalos de corrupción, abuso de poder, mantener un sistema electoral antidemocrático etc. Pero donde, además de lo anterior esto llega al terreno delictivo es en el PRI, que habiendo surgido de la fusión de dos partidos regionalistas hace 8 años con una propuesta novedosa que se presenta como ajena a los vicios de la política tradicional, con la llegada de Adolfo y los suyos (que terminan de inscribir al PRI en todo el país), comienza un proceso de descomposición que en forma cíclica durante cada elección de presidente, ha terminado sus disputas en tribunales, electorales o del crimen, por delitos cometidos en su interior. Así ocurrió cuando después de llenar de elogios a los históricos del PRI, y en especial a Juan Carlos Moraga por recibirlos en su partido, los ex DC, entre gallos y medianoche los expulsan. Lo mismo ocurre con su reemplazante, Jaime Mulet y últimamente con Eduardo Díaz del Río, a quien se le falsificaba la firma en documentos presentados al Servel para alterar el padrón de militantes. Aunque las denuncias terminaban en tribunales, en esta ocasión tiene el agravante de que las irregularidades fueron denunciadas públicamente por numerosos concejales y los únicos 2 diputados de la tienda de Adolfo.
Para bajar el perfil a la situación Zaldivar quita el piso a sus incondicionales, la concejala de Colina Alejandra Bravo y el funcionario de La Moneda Eduardo Salas, lo que persigue evitar la fuga de sus parlamentarios e instala en la presidencia al ex diputado Carlos Olivares, de escasa votación en su distrito (1,8%), pero que llega a la cámara gracias a los votos de Guido Girardi que, en esa elección, obtiene 59,7% de los votos emitidos. Olivares, hasta el momento de ser elegido como presidente participaba en todas las reuniones de los diputados que originalmente apoyaban a Adolfo, pero que el último tiempo criticaban sus manejos. Compartió con ellos que Eduardo Díaz debía llevar a la justicia las denuncias por falsificación y solidariza con los diputados Araya y Sepúlveda en sus posturas políticas. Zaldivar pensó que con Olivares a la cabeza del PRI, impedirá la fuga de sus diputados, haciéndoles llegar el mensaje de que comparte la posición de que “el PRI debe independizarse del gobierno”. Para concretar el reencuentro con los diputados se efectúa una comida en un restaurante frente al congreso, en que participa la directiva del partido con sus parlamentarios, ocasión en que los diputados Araya y Sepúlveda no solo no reconocen a Olivares como presidente del PRI, sino que lo califican de traidor, tras lo cual dando un portazo se retiran de la reunión.
Olivares, de un gris paso por la cámara y que a pesar de ser médico tiene un escaso nivel intelectual y muy elemental manejo político, no solo demostró ser incapaz de estar a la altura, sino también en una patética imitación de Adolfo y como forma de tapar sus limitaciones, se ha dedicado a calificar y descalificar a quienes tienen mayor capacidad que la suya y, por supuesto, a quienes, con mayor experiencia y bagaje, podrían ser posibles aliados del PRI
Hoy el desaparecimiento del PRI de la escena política es cuestión de tiempo, pues todo indica que no tendrá aliados en un pacto electoral y menos para fusionarse con otro partido al no obtener el 5% de la votación parlamentaria en 3 regiones contiguas, pues las que le permitieron ese porcentaje anteriormente, como Antofagasta, ya no están en el PRI. Al tanto de esto, la mayoría de ex DC que ingresan con Adolfo vuelve a la concertación y los históricos de este partido, incluyendo numerosos concejales, se han reportado en el partido en formación Aire, por donde esperan postular en las próximas elecciones municipales, pues allí se reencuentran con su historia y origen.
Frente a la desintegración del PRI, en aire, cada día que pasa, se hace más imperiosa la necesidad de no hacer pacto electoral alguno con este partido, pues sus escándalos, la sombra de políticos tradicionales, la mediocridad de sus dirigentes y las traiciones sufridas a manos de estos, perjudican la imagen de este referente nuevo que surge, precisamente, pidiendo aire nuevo para Chile. Claramente y mientras el PRI se debilita a cada hora que pasa, los regionalistas de aire, declarando que no tienen ni quieren pactos con el gobierno ni la concertación, formaliza acuerdos con más de 600 pastores y obispos que, como aire cristiano, trabajan para inscribir el partido en 12 regiones, incluidas las más grandes, además del partido de acción regionalista, pare, que suspende la entrega de escritura al Servel para su formación y se integra al aire, tal como 18 concejales electos por el PRI, ex diputados, dirigentes sociales, gremiales y otros actores políticos con los cuales se han formalizado conversaciones, quienes, en las últimas semanas, han planteado apoyar y pactar con aire si los regionalistas dejan claro que no tienen nada que ver con Adolfo y sus incondicionales en el PRI.
En este escenario no debe sorprender a nadie que el PRI, surgido legalmente hace 8 años a la vida política como regionalista y que hoy es propiedad personal del embajador que representa un gobierno de derecha en Argentina, termine su existencia incluso antes de su muerte natural en las elecciones parlamentarias de 2013. Conscientes de esto, numerosos concejales y militantes, en las últimas semanas han renunciado al PRI, cuyas notificaciones son enviadas por el Servel al domicilio personal de Adolfo Zaldivar, embajador de Chile en Argentina, ubicada en Miraflores 113, oficina 33, en Santiago. En realidad, el PRI no es más que eso, donde su paso por la política chilena bajo la conducción de Adolfo ha sido con más pena que Gloria y esta, como diría García Márquez, es la crónica de una muerte anunciada.



