Opinión: En Discapacidad, Chile está en la UTI

Las historias de Ignacio Jaime y Felipe Díaz deben hacernos reflexionar, ya que nos demuestran con peras y manzanas que en discapacidad, Chile está en la UTI y solo la experiencia, empatía y un real compromiso social, podrán sacar a nuestro país de esta “siesta profunda de la Integración

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23 de Marzo, 2015 00:03
FOTO: Alejandro Hernández

Por Alejandro Hernández. Presidente y Director Ejecutivo - Fundación Nacional de Discapacitados. Consultor en Discapacidad www.fnd.cl

Hoy reflexiono en torno a dos noticias que me impactaron, por ser verdaderos hitos vinculados a la realidad de pobreza, discriminación, desigualdad y profunda vulneración de derechos en que viven más de 3 millones de personas con discapacidad en Chile.

Dos noticias aparentemente desligadas, dos protagonistas que no se conocen. Provenientes de ciudades distintas, con historias y discapacidades diferentes, pero en realidad profundamente conectadas a una historia común de frustración y desesperanza aprendidas, por la ausencia de políticas públicas efectivas y de un plan nacional certero que vaya en rescate de la calidad de vida de las personas con discapacidad.

Esta semana se dio inicio al año noticioso para la discapacidad, comenzando con la llegada a Santiago de Ignacio Jaime, Analista Informático y estudios de teología, persona con Discapacidad física adquirida, que con 51 años realizó una gesta heroica inédita y digna del record Guinness: Recorrer el desierto a pie, apoyado solo por sus muletas. Salió desde Antofagasta en dirección a Santiago, avanzando a paso firme por más de 1.300 áridos kilómetros. Demoró 5 meses y 21 días en llegar a la capital. Objetivo: Ser recibido en La Moneda y exponer sus demandas, que en nada son ajenas al resto de la población con discapacidad:

  1. Dar mayor visibilidad al drama en que viven las Personas con Discapacidad y sus familias en nuestro país, por ausencia de políticas que integren, especialmente en materia de Salud y Trabajo.
  2. Apoyar una legislación donde existan más y mejores oportunidades laborales y menos discriminación y finalmente
  3. Proponer que SENADIS sea un ente autónomo, dirigido por personal competente y comprometido.

La respuesta de La Moneda fue que debe esperar cuatro meses más para optar a ser recibido por la Presidenta de la Republica. Desacertada respuesta política, una mala señal cuando hoy la tendencia es relevar a las personas con discapacidad al lugar que por derecho les corresponde, no solo como miembros de los “grupos vulnerables”, sino porque nuestro país se ha comprometido internacionalmente en tratados que buscan ampliar sus derechos e integrarlos realmente, lo cual pasa en primer término por escucharlos, visibilizarlos y darles real validez social. Pero la realidad demuestra lo contrario.

Hoy Ignacio está recibiendo apoyo en la Mutual de Seguridad, en todo lo concerniente al estrés físico y emocional sufrido durante su travesía por el desierto. Su firme lucha continúa y se multiplica, sin duda alguna, pues sus demandas son el clamor de millones de personas.

Otra situación de sumo grave y que debiera ser investigada, es lo acontecido con Felipe Díaz, joven ciego de 25 años, quien acompañado por su fiel perro guía Kolt, el día miércoles 11 de marzo, fue maltratado y humillado por personal de seguridad de la Empresa Metro S.A., tras ser descubierto en las escaleras de la estación Pudahuel tocando la armónica. La ejecución de dicho instrumento era el único medio que Felipe tenía para ganarse la vida y no representaba riesgo ni molestia para nadie.

Recordemos que Chile es un país donde aún las empresas creen que integrar a personal con discapacidad es “hacer un favor”, siendo habitualmente reacias a  capacitarse con  el fin de integrar la diversidad. El 90% de cesantía entre las personas en edad de trabajar así lo demuestra.

Así y todo, Felipe fue desalojado del Metro violentamente, con insultos y empujones, incluso el personal de la empresa puso en duda su condición de persona con discapacidad, diciéndole textual: “Ándate de aquí y deja de engañar a la gente”.

En la confusión, Felipe lloró y se puso muy nervioso, no pudiendo exhibir su carne de la discapacidad, que lo define como persona con una limitación de tipo visual, en este caso ceguera. Una de sus amigas señaló que fue tratado de “estorbo” y “sinvergüenza”, le dijeron: “Tu finges ser no vidente, para conseguir dinero”, “vamos a llamar a carabineros”. A raíz de esto, Felipe toma la determinación de quitarse la vida, según la familia, por la pena y frustración que le causó el trato humillante y vejatorio recibido.  El caso de Felipe es muy similar al caso de Daniel Zamudio, por la discriminación sufrida, la violencia aplicada y el desenlace que desencadena.

¿A quién le hacía daño Felipe, tocando su armónica?, ¿era un delincuente por buscar parte de su sustento económico del resto de la gente?. Definitivamente no. Nuestra sociedad debe superar la ignorancia, el clasismo y la intolerancia, respecto de la verdadera cara de la discapacidad en Chile. Tal como lo graficó el humorista Edo Caroe en el Festival de Olmue 2015: “Si Stephen Hawking hubiese nacido en Chile, lo tendríamos pidiendo dinero afuera de las estaciones del metro y jamás descubriendo los enigmas del Espacio”.

¿Que hace que una empresa instruya a su personal de seguridad a barrer con todo lo que afee o ensucie las estaciones, sin importar el uso de la violencia sistemática?. Esa lógica impide que las personas con discapacidad, con movilidad reducida y sus familias, tengamos acceso universal a este y otros medios de transporte. Solo basta recorrer las estaciones en alguna de sus horas punta para saber que no cabe aquí una persona con discapacidad, usuaria de silla de ruedas o que requiera ajuste para trasladarse.

Lo cierto, es que tras la decisión de Felipe, la ciudadanía se manifestó en forma espontánea, protestando en las  afueras de la estación Metro Pudahuel. Utilizando pancartas como “Metro Discrimina”; “Justicia para PIPE” o “Perdona, mi hermano, por la Discriminación”, todo esto acompañado de velas blancas y globos negros, dejando de manifiesto la discriminación chilena con la discapacidad. Mientras tanto, la empresa Metro S.A. cerraba las puertas, se escondía o trasladaba al guardia a otra estación, intentando justificar lo injustificable. Luego se deslindo publicamente, a través de un comunicado, de toda responsabilidad en el hecho.

Metro al igual que otras tantas empresas, dice no tener responsabilidad alguna en el drama que significa ser en Chile discapacitado, joven y carente de recursos. Tampoco lo serían entonces las otras empresas “que no pudieron contratarlo” cuando fue a buscar empleo, como cualquier otra persona, pues no tenian idea de como se contrata o ajusta un puesto de trabajo para ser ocupado por una persona con discapacidad. ¿Por qué estas empresas no han desarrollado la RSE en discapacidad?: Porque el propio Estado no lo ha hecho aun, por temor e ignorancia en la materia.

Respecto de la discriminación, no sería responsable tampoco el sistema educativo en su conjunto, que no se ocupó de saber como podia Felipe desempeñarse de mejor manera con lo talentos que poseia, con esta condición de salud permanente que por haber nacido en Chile, lo hicieron mirar el futuro de manera sombria, con una desesperanza fatal y abrumadora. Siento que el guardia que lo humillo, solo puso la gota que rebasó el vaso, fue el ultimo eslabon de una cadena de errores y egoismos sociales sistemáticos, que demuestran lo atrasado que está Chile y lo inhumano que es tener leyes y firmar tratados que solo quedan en el papel, por la impericia de llevarlas a la práctica.

Para avanzar, el Estado debe cambiar la palabra temor, por la palabra amor.

Es difícil aspirar a ser una sociedad consciente y desarrollada, respetuosa y justa, si el Estado no practica la actitud más apropiada hacia los más postergados la nación, cuando lo que se debe hacer es actuar y estar a la altura de los compromisos adquiridos. Urge en esta etapa de la historia de Chile -tras décadas de espera- mayor experiencia, habilidad y conciencia al servicio de la aplicación de las transformaciones necesarias, vitales para resguardar la vida, la salud mental y la vida de millones de personas en Chile.  En este sentido no basta solo con la intención y las frases comunes “hay mucho por hacer” o “este es un desafío pendiente” porque “aún estamos en pañales”, que no hacen más que poner en la estratósfera las leyes y freno de mano a los avances necesarios.

Las historias de Ignacio Jaime y Felipe Díaz deben hacernos reflexionar como nación, ya que nos demuestran con peras y manzanas que en discapacidad, Chile está en la UTI y solo la experiencia, empatía y un real compromiso social, podrán sacar a nuestro país de esta “siesta profunda de la Integración” que afecta directamente a más de 3 millones de chilenos. Es preciso que el descontento y clamor ciudadano no siga aumentando, ante la evidencia patente de que las cosas no se están haciendo bien.

Germán Espinoza, hermano de un joven con discapacidad, nos enviaba sus sentimientos esta semana, a propósito del “Caso Felipe”: “Espero que la protesta masiva en el metro, que contó con más de 300 personas, sea la primera de muchas acciones que realicemos los chilenos por nuestros hermanos discapacitados, en la lucha por la igualdad”.


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