¿Cómo conectarse con nuestros niños (as) en tiempos de incertidumbre, miedo y frustración ante una pandemia?

El presente artículo permite conectarnos en el aquí y ahora, ante la contingencia país que estamos viviendo; y como ser capaces de conocer y entender nuestras emociones y como ellas influyen en nuestras vidas. 

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13 de Mayo, 2020 12:05

Por Yohana Martínez M. Educadora de Párvulos, Licenciada en Educación PUCV, Magister Potenciación de Aprendizaje UNAB.

Los recuerdos de mis primeros años están relacionados con mi madre. Al principio siempre estaba allí; recuerdo la reconfortante sensación de su cuerpo cuando me llevaba sobre la espalda y el olor de su piel bajo el tórrido sol. Todo provenía de ella.(Montagu, 2004: 115).

Que difícil comenzar a escribir… porque siento las mismas cosas que aparecen en el título de este artículo, debido a esta soledad que me invade ante la cuarentena por coronavirus.  Pero no cabe duda, que estamos todos o casi todos en la misma sintonía. Muchas veces los adultos no expresamos lo que sentimos, por miedo al que dirán o simplemente por mostrar una coraza ante otro; pero qué hacemos cuando uno de nuestros niños/as nos preguntan ¿cómo nos sentimos? ¿somos capaces de expresar nuestras emociones? … es difícil, ya que, en general el ser humano no transmite lo que realmente quiere, sus emociones están cada vez más ocultas, incluso muchas veces ni nosotros las reconocemos. 

Hoy estamos inmersos en la emoción del miedo, y tal como dice el monstruo de colores “cuando tienes miedo te sientes pequeñito y poca cosa y sientes que no podrás ser capaz de hacer lo que se te pide” (Llenas,2012,s/n). Claramente creo que muchos de nosotros estamos de esta forma frente a este virus, que no sabemos si nos puede atacar o no, pero tampoco somos capaces de reconocer y expresar ¡sí tengo miedo!, porque no somos seres intocables, sino todo lo contrario estamos expuestos a que el virus esté con nosotros. Es por esto que el escribir este artículo tiene como finalidad el que aprendamos del miedo, que el nos esta invitando a conectarnos con nosotros mismos y a conectarnos con nuestro entorno y por sobretodo con los más pequeños (as), que tengamos instancias de saber qué  nos pasa, cómo se siente esa personita de 5 meses, que a pesar que aún no comprende lo de coronavirus, yo como adulto le estoy transmitiendo lo que siento.  

Nuestros niños (as) le dan sentido a nuestras vidas, ellos (as) nos iluminan con sus sonrisas, abrazos, con sus palabras y nosotros como adultos debemos aprender a desarrollar un adecuado reconocimiento de nuestras emociones , para luego permitirnos expresar lo que sentimos,  de modo de poder enseñarles que el miedo no es malo, sino más bien es algo natural que lo podemos sentir todos, pero ese miedo sé va, cuando se que tengo a mi lado a alguien que me quiere, que me escucha, que me protege, que me enseña a entender todos estos acontecimientos que hoy invaden nuestro país. Pero no podemos olvidar nunca que el amor que siento por ese ser es más fuerte que cualquier cosa, es un amor sincero, transparente, que día a día se va fortaleciendo con quienes tengo a mi lado. 

El ser humano desde que se encuentra en el vientre materno lo primero que desarrolla son los sentidos y el primero es el tacto, ese contacto con la madre es especial y único; es por esto que, 

… las investigaciones han demostrado de forma repetida que el desarrollo del potencial humano depende en gran parte de la existencia de un medio agradable y cálido durante la infancia. El contacto cutáneo desde el primer día de vida es un elemento muy importante para conseguir este clima de amor” (Schneider, 1999: s/n). 

Es decir,  es primordial que entreguemos a nuestros niños (as) seguridad, que no vean el miedo como algo malo, sino más bien como un aprendizaje, que me permite conectarme con otro. La importancia de esto radica en que ese ser pueda expresarse, sentir, a través de la construcción de confianza y seguridad personal, donde nos podamos sentir acogidos, seguros y reconocidos ante los demás, pues 

el contacto corporal con la madre, como el niño mantiene su primer contacto con el mundo y se ve envuelto en una nueva dimensión de la experiencia, con la del mundo del otro. Este contacto corporal con el otro proporciona el fundamento esencial del bienestar, seguridad, calor, y una mayor aptitud hacia nuevas experiencias; la fuente de todo ello se origina en la lactancia materna, la cual fluyen todas las bendiciones y las promesas de bondades venideras” (Montagu, 2004:116).

Seamos seres libres, aprendamos a decir lo que sentimos, no estamos solos, y enseñemos a nuestros niños (as) a ser fuertes en estos tiempos , que debemos ser fuertes ante la deserción, pero lo más importante de todo es que estamos acompañados por personas que nos quieren y que nos van a cuidar y seguiremos cada uno de nosotros escribiendo la historia de nuestra vida… y cuando pase esta pandemia, aprendamos a entregar a los demás un abrazo, una sonrisa, un te quiero, eso es lo que nos falta como sociedad: muchas veces vamos por la calle y vemos a alguien llorar y por qué no acercarnos y preguntar ¿estás bien? , sino más bien lo/a miramos extraño… aprendamos a querernos, aprendamos acercarnos al otro, aprendamos a respetarnos y a no ver sólo las falencias sino que las fortalezas que cada uno de nosotros tiene y puede entregar. 

De este modo, y tomando en consideración lo anteriormente expuesto, es que la familia es la encargada de entregar los primeros aprendizajes, valores , que el ser humano adquiere y desarrolla en el tiempo, porque el aprender a reconocer, gestionar y demostrar adecuadamente nuestras emociones, es símbolo de aprender a entender a quien tengo frente a mi, 

… el Oxford English Dictionary define tacto como la acción o el acto de tocar (con la mano, dedo u otra parte del cuerpo); ejercicio de la facultad de sentir algo con la mano, etc. La palabra operativa es sentir. Aunque el tacto no es en sí una emoción, sus elementos sensitivos inducen aquellos cambios neurales, glandulares, musculares y mentales cuya combinación denominamos emoción. Por tanto, el tacto no se experimenta como una simple modalidad física, como sensación, sino también como modalidad afectiva o emoción “(Montagu, 2004:150)

Referencias Bibliográficas

  1. Llenas, A (2012). “El Mostruo de Colores”. Editorial Flamboyant. España

  2. Montagu,A. (2004). “El tacto”. Editorial Paidós. Barcelona.

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