#COP21: En París culmina la era del petróleo y nace otra para la electricidad

La Conferencia del Cambio Climático marca un hito en el desarrollo humano, pero la intensidad de sus compromisos aún sigue en duda. También se modifica la noción del automóvil.

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11 de Diciembre, 2015 10:12

Por Fernando Rivas Inostroza

PARIS (Le Bourget).- Esta tarde, desde las 14 horas (hora de Chile) se empezará a conocer el resultado final de la Conferencia del Cambio Climático (COP 21), que se ha celebrado durante estas dos últimas semanas en Paris y aunque su resultado aún es incierto, se supone que las 196 delegaciones  llegarán a un acuerdo que reemplace al protocolo de Kioto, que ha cumplido ya 10 años y está obsoleto.

Las intenciones de los máximos líderes mundiales apuntan a un acuerdo global ambicioso, sólido y obligatorio para reducir las emisiones contaminantes responsables del calentamiento global. La intención inicial buscó contener la temperatura del planeta en no más de dos grados Celsius en relación a aquella  existente en el Siglo XIX cuando se aceleró el proceso industrial. Sin embargo, el ánimo y la urgencia de la situación han impelido a muchos a propiciar una rebaja mayor a 1,5 C°.

Si bien dicha intención ha sido ampliamente compartida por líderes como el Papa Francisco, que redactó especialmente la encíclica Laudato Si; el presidente de Estados Unidos, Barack Obama;  el presidente francés, Francois Hollande; y el secretario general de Naciones Unidas, Ban ki-moon,  el acuerdo corre el riesgo de zozobrar debido precisamente a las diferencias de intensidad en los compromisos necesarios para sustentarlo.

FRENOS E IMPULSOS

Estados Unidos, si bien ha modificado sustancialmente su posición respecto al cambio climático,  no es partidario de hacer vinculante el acuerdo para los miembros de la COP 21 y tampoco es proclive a facilitar la cantidad de recursos que se le solicitan en su calidad de principal país industrializado, que se ha enriquecido con la misma, y que es por lo mismo uno de los mayores  responsables de la producción contaminante. China e India, que son otros de los países con mayores emisiones mundiales de carbono,  se escudan en ser naciones en desarrollo, susceptibles  por eso de apoyo internacional, para así  eludir compromisos mayores que comprometan sus procesos productivos.  Arabia Saudita, en tanto, como líder de los países árabes, se opone a que se firme un acuerdo específico para ir terminando con la producción de combustibles fósiles, pues atenta precisamente contra su fuente de ingresos y de riqueza.

Como contraparte, una serie de otras naciones como Filipinas, Bangladesh, Costa Rica, Tuvalu y Santa Lucía,  han asumido con vigor la lucha contra el cambio climático, propiciando la limitación a 1,5 C°, porque ya han visto el alza del nivel del  océano en sus costas y temen que de no actuar en forma drástica tal proceso continúe cada vez peor.

El tira y afloja se prolongó durante todos estos días y anoche muchos de los negociadores pasaron en vela con el fin de arribar al acuerdo que se conocerá esta tarde.

No obstante, hay conciencia  de que los representantes de las naciones del mundo no pueden defraudar a la ciudadanía mundial con un acuerdo “descafeinado” o “diluido”, sino que debieran arribar a medidas contundentes y definitorias ya sea inmediatas o en proceso. De ser de otro modo sería una burla global en que estaría comprometido el prestigio de líderes como los citados. El propio John Kerry, secretario de Estado norteamericano, afirmó que no están dispuestos a dar pie a un” fracaso histórico” y menos a un “fracaso moral”.

FIN A LA ERA DEL PETROLEO

No obstante, más allá de estas consideraciones está claro que esta COP 21 será histórica por dos medidas concomitantes, que han sido sugeridas y asumidas en el desarrollo de la propia organización y que son: el inicio de una segunda era mundial de la electricidad, sobre la base de fuentes sustentables,  renovables y limpias; y por otro lado, el inicio del  fin de la era del petróleo, y de los combustibles fósiles, que ha durado todo el siglo XX y que ha movido hasta ahora  al mundo. Su fecha inamovible de deceso fue fijada para el 2050.

De hecho,  el reemplazo que se viene del petróleo  por la electricidad se hará parte de la vida cotidiana precisamente a través del transporte público de los ciudadanos, una opción que ya fue asumida por el gobierno y parte de la industria automotriz francesa. Una decisión que, según la ex secretaria de Estado para el Cambio Climático española, Teresa Ribera Rodríguez, va a expandirse por el resto de Europa y desde allí al mundo, porque se trata de una corriente inevitable.

FRANCIA, ESPAÑA Y EUROPA

En la misma España, actualmente, el tema no es sólo visualizar los autos eléctricos y su abastecimiento, que ha mejorado mucho,  y respecto del cual las capacidades de almacenamiento de energía también han crecido, hasta abarcar un radio de 400 kilómetros, sino que también se cuenta con la voluntad estatal y privada de favorecer redes de surtidores cercanas y plenamente disponibles.

A eso se suman complementariamente aplicaciones digitales que favorecen la organización y optimización del uso compartido de los vehículos e incluso la compra solidaria de los mismos, que son visualizados principalmente no como un lujo sino que como otro y simple medio de transporte, combinables  con buses, trenes, metros y aviones. Además, ellos estarán  coordinados con sistemas de estacionamientos también inteligentes, respecto de su uso tanto en  tiempo como espacio.

El nuevo escenario del transporte español llega en algunas ciudades a consideraciones sobre el uso de automóviles guiados por computador sin chofer, que aparecen como más seguros, regulares, económicos y estables que aquellos conducidos por humanos,  de modo que también como efecto de esta COP 21 ya está cambiando la noción tradicional sobre el automóvil. Y así como la bicicleta se ha introducido en las vías urbanas de nuestras sociedades, es muy probable que lo mismo suceda con estas nuevas y modernas concepciones del automóvil, sus consecuentes modelos y propiedades técnicas.

Así, más allá de cual sea el acuerdo de hoy, lo relevante serán estos cambios de mentalidad y de opción acerca de las fuentes cotidianas de energía. Nuevamente, la torre Eiffel, ese ingenio que preside Paris  y que dio cuenta de la capacidad técnica y de diseño del hombre en el  siglo XIX, ha vuelto a ser testigo  de un hito para otro cambio epocal. Esta vez el giro se da  en consonancia con el planeta y su ecología, la ciencia y la realidad más concreta y habitual. El ciudadano, el hombre de a pie, parece haber motivado el encendido de una nueva luz para el mundo, desde aquí en Le Bourget. No obstante, estaremos atentos para ver con qué intensidad se enciende esta nueva bombilla, que muchos estiman va a ser LED.

Lectura de foto

El oso polar Aurora fue llevado hasta la Conferencia del Cambio Climático  (COP 21) para advertir acerca del peligro que corre esta emblemática especie con el calentamiento global y los cambios en  el ecosistema  ártico.  La gigantesca figura recibe a los asistentes a la cita mundial y les recuerda silenciosa pero imponentemente la importancia del acuerdo  de hoy.  Kioto quedaría atrás y se instalará París, como símbolo de una nueva época para la electricidad, como ya lo fue en su tiempo la propia torre Eiffel.

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