Esa policía verde, esa que no quiere ver...

Aunque Carabineros formalmente no sea parte de las Fuerzas Armadas, lo es en su práctica, en su lógica y en su historia.

Imagen de Federico Eisner
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21 de Marzo, 2012 00:03
Fuente: Difamadores.cl

Aunque Carabineros formalmente no sea parte de las Fuerzas Armadas, lo es en su práctica, en su lógica y en su historia. En espíritu son los mismos quienes dispararon en Santa María de Iquique, que pacificaron la Araucanía y lo siguen haciendo, que degollaron y celebraron sus caravanas, las mismos que torturaron y desaparecieron personas en las tantas dictaduras de Chile, y que atacaron a las masas en la calle, lo siguieron haciendo en la Concertación y más que nunca, hoy.

Son educados para ello, pues existe un guión propio de formación en sus escuelas. Son instruidos para despreciar los derechos fundamentales de los ciudadanos. Es lo que piensa y promulga la plutocracia chilena, un mensaje eficazmente transmitido por una compleja cadena de mando e influencias compuesta por patrones, subgerentes, jefes de área y especialmente dueñas de casa, pasando así a empleadas domésticas, jardineros, secretarias, estafetas, lustra botas, y así hasta llegar a unos cabros chicos, pendejos corpulentos metidos en trajes de asalto. Son apenas unos perros de aeropuerto, drogados, alcoholizados y enajenados por la acción. Felices de no aburrirse en sus cuarteles. Mandados con mucho gusto a hacer el trabajo sucio contra sus pares, ese espejo que busca romper quien se avergüenza de si mismo.

A ellos se les advirtió en sus cuarteles que la gente iba a invocar cosas como derechos, garantías constitucionales, libertad de expresión, democracia y otros conceptos subversivos. Y sus superiores les dijeron que ellos estarían ahí para respaldarlos, que no escucharan tonteras, que mano dura con los estudiantes, porque aguantan harto, y que los trabajadores tenían que trabajar y no andar protestando, como ustedes, como sus “taitas”, que trabajaron hasta el último día sin chistar porque sería feo como dijo el Chacal. Que cualquier problema se arregla internamente, que nadie juzga a nuestra gente, que para eso está Dios, que la institución actúa siempre bajo la ley, porque la Institución es la ley.

Lamentablemente piensan lo que muchos otros todavía, que para qué tanto escándalo, que el que se queja es un problema, un atadoso, que las cosas se arreglan como se arreglan “en la pobla”, como hombres, o sea quedándose piola, y que en realidad nunca se arreglan.

Lo que me tiene atónito desde hace ya tiempo, es la cantidad de abusos, faltas, chascarros y bochornos que nos enteramos por parte de Carabineros, seguramente un ínfimo número de los que realmente ocurre. Es que aún sin protestas ni marchas, son pan de cada semana. Es cosa de hacer una búsqueda rápida, para encontrarse con innumerables noticias informando trascendidos de la Institución. No sólo por casos tan graves como el asesinato del joven Manuel Gutierrez, o los efectivos de fuerzas especiales ingresando a propiedad privada en Aysen y lanzando piedras a las casas, o disparando lacrimógenas a quemarropa. También es posible encontrarse con noticias tan surrealistas como “Furgón policial atropella a hombre que denunciaba a Carabineros", “Choque entre patrullas deja cuatro carabineros heridos en Las Condes”, “Carabinero es dado de baja por agresión a estudiantes en Antofagasta”, “Carabineros separa de sus filas a funcionario que golpeó a mapuche y que fue detenido por hurto”, “Carabinero denuncia abuso al interior de comisaría en el norte del país”, “Carabineros lanza bomba lacrimógena al interior de sindicato nacional de carteros”, “Carabinero fue detenido por presunto abuso sexual contra niña de cinco años”.

Todos estos casos son sólo una pequeña muestra de los informados en los últimos meses por medios de comunicación chilenos tradicionales y reconocidos. Llama la atención como estos medios son capaces de informar al respecto, pero son incapaces de investigar y hacer seguimiento sobre ellos, pues existe un evidente pacto limítrofe en que Carabineros soporta que se ventilen ciertas denuncias, pero no que se investiguen, para ello están sus intachables y transparentes instancias administrativas, y si pasa a mayores, la justicia militar, o mejor dicho, el limbo.

La institución insiste en relativizarlos, declararlos casos aislados y en apoyarse en ese casi ilimitado crédito que el chileno le da a su policía. Un crédito que cuesta mucho comprender. Está aquello de la policía no corrupta, impecable, profesional y cercana a la gente, todos mitos construidos en base a nacionalismo.

Lo realmente grave es que se están creando las condiciones de violencia para que los grupos activistas se armen, el país se está ganando una o peor, varias guerrillas, completamente innecesarias. Chile es un país actualmente rico y en esencia pacífico, aunque quizás lo de pacífico es lo que realmente está en discusión. Pero al menos se puede decir que es un país que por años ha sido una taza de leche. Un ayllú dentro de un continente teñido de sangre. Pero se está empujando a los grupos organizados a armarse más allá de lo razonable en base a dos grandes pilares. Primero, la gran obra poética llamada Constitución del 80, con sus eficientes restricciones a la democracia y por sobre todo a la participación ciudadana. Y segundo, con la represión, de la cual la policía disfruta profundamente y hace gala de ella. Me sorprende incluso la resistencia de tanta gente maltratada. No solo la resistencia a los golpes, a los chorros de agua y a los gases. Me sorprende la resistencia a tomar las armas. No es casual que en la represión a Comunidades Mapuche, Carabineros comience a recibir disparos de vuelta. En otros países la policía no lo contaría dos veces, como en los hechos del jueves negro de agosto de 2011, o las noches que estos días viven los Ayseninos. En realidad casi no lo cuentan dos veces los efectivos del bus y del Guanaco incendiados, o aquel atacado con un skate en la cabeza.

¿Cuál es el límite para admitir el descontrol en la doctrina y autocontrol policial, y el contraproducente efecto de la actitud Institucional?

Esta cita del General Prats fue acertadamente agregada a uno de los videos de abusos policiales que hoy plagan nuestro ciberespacio:

"El prestigio de los cuerpos armados estará gravemente deteriorado por un masivo sentimiento de odiosidad y desprecio que despertará el recuerdo de las atrocidades y arbitrariedades en que incurrieron las tropas durante la etapa represiva. El odio cerval, en muchos casos, incitará a actos de venganza y vejámenes constantes a los miembros de las distintas Instituciones."

(Gral. Carlos Prats "Las FF.AA. y Carabineros en la nueva "democracia avanzada chilena"; 1974).

Imágenes/CC:

Difamadores.cl
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