Historias de Verano... por Marcelo Cheloi
Lo que pasa en verano, queda en verano. Capítulo dos de las historias de Marcelo Cheloi.
Lee el capítulo uno acá
Por Marcelo Cheloi
Capítulo 2
Después de pasar un año nuevo muy familiar, entre personas no tan entretenidas, abrazos característicos, y sin caña, llamé a Ema el lunes para que nos viéramos. Al final, no haberme acobardado ese día en la micro resultó bien, y ya habían pasado tres noches, lo que es una cantidad más que decente de tiempo para no parecer regalado, aunque si hubiese sido por mí, la llamaba esa misma noche para decirle que me encantó. Suena algo complicado tener que jugar al “dar y quitar”, pero me gustó y no quiero espantarla. Lo mejor es que sus ojos igual delataron cierto interés, lo que hizo más fácil la comunicación entre nosotros.
Nos juntamos en el Ok Market que está en 9 Norte con Libertad. Llegó luciendo un vestido que hizo morderme la lengua, y justo después de saludarme, me dijo:
-¿A dónde vamos a ir? Y por favor, no me digas “no sé”.
Me dejó en blanco, así que reaccioné rápidamente para devolverle la pelota.
-Mira, si te hubiera invitado a salir, quizás hubiera tenido que escoger el lugar, pero como no lo hice, sólo te puedo pedir que no te den ganas de ir a Reñaca, porque vengo de allá y está asqueroso.
Sonrió y me dijo:
-Bueno. Vamos a Valpo entonces.
Terminamos dando vueltas por Cerro Alegre y entramos al Color Café. Nos pedimos una jarra de té exótico que nos dio cuerda para hablar de mil cosas. Entre medio le expliqué mis razones del porqué creo que el año nuevo es un día más, sólo el fin de un calendario cíclico que tiene su comienzo y su fin, como todas las cosas en la vida. Prefiero hacer un reset cuando cumplo años, encuentro que esa sí que es una forma para medir superación o prosperidad durante 365 días.
Siempre en buena onda, entre risas y asombro por estar recién conociéndonos. Por suerte no hubo silencios incómodos, salvo cuando nos quedábamos mirando el uno al otro pensando en si nos íbamos a dar un beso o no. Yo no quise aventurarme a nada porque me fui en la romántica, no en la del depredador. Me gustó eso de ir descubriendo más cosas en común.
Bajando por Almirante Montt, nos dimos cuenta de que faltan más basureros en la zona, sobre todo después de ver a tanto extranjero, artesanía cara y músicos que hacían performances por plata. En un lugar así de turístico, la Municipalidad debería preocuparse por esos detalles que parecieran ser mínimos, pero no lo son.
Qué curioso, últimamente me había resignado a creer que era el único que se fijaba en esas cosas. Menos imaginaba conocer a una mina como la Ema en una ciudad que me quedó chica hace rato, porque Viña -Valparaíso también-, realmente puede ser asfixiante si uno está cerrado de mente.
Me dieron ganas de acercarme y le pregunté:
-¿Te puedo abrazar?
-Esas cosas no se preguntan.
-Ok. Pensé en mi cabeza.
Dejé pasar unos minutos y casi llegando a Condell, la tomé de la mano y le di un beso que duró bastante..
-Nunca había estado por acá. Me dijo mirando alrededor.
-Yo tampoco. Le contesté pensando que al menos, ya tengo un lugar que siempre va acordarme a ella.



