La cuarentena y la porfiada ciudad

Veremos cuanto resiste la economía de las ciudades con su interacción limitada. Lo que si sabemos, es que en Chile en los últimos 30 años, las ciudades han sido un potente motor de desarrollo y distribución de oportunidades.

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26 de Marzo, 2020 17:03
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Por Marcelo Ruiz Fernandez

Arquitecto

Han pasado más de 150 años desde que el Dr. John Snow (el padre de la epidemiologia y no el protagonista de GOT) cartografiara los pozos de agua de Londres hasta detectar el foco inicial de la epidemia de cólera, comprobando que esta enfermedad se originaba con la contaminación del agua con las heces fecales. De ahí para adelante, la teoría Higienista impulsó la urbanización de las ciudades, evitando los contagios que se producían por la contaminación del agua, generándose una fuerte relación entre la salud pública y la planificación urbana.

Hoy nuevamente la salud pública y el crecimiento urbano se ven las caras. Las medidas necesarias para enfrentar la pandemia generada por el CODVID19 suponen un impacto directo para las ciudades. El principio básico que explica el crecimiento de las ciudades, es la concentración demográfica. El funcionamiento espacialmente concentrado genera economías de escala y masifica la interacción social, mejorando las oportunidades de empleo. Justamente en Chile, al igual que en Latinoamérica, la expansión de las nuevas clases medias está íntimamente asociado al crecimiento de las grandes áreas metropolitanas. Tal como dice Paul Krugmann, la economía mundial se sostiene en un conjunto de grandes ciudadesque concentran la riqueza mundial. No por nada, el historiador Fernand Braudel acuñó su famosa frase “el Occidente; ciudad y capitalismo son la misma cosa.” En otras palabras, el sistema económico, depende de la aglomeración demográfica.

En Chile, en las grandes Áreas Metropolitanas, más del 70% del empleo pertenece al sector terciario. Este sector agrupa al comercio y a los servicios, que dependen de la interacción que permiten los grandes distritos céntricos. En el caso del Gran Valparaíso, alrededor del 50% del comercio y servicios se concentran en el Plan de Viña, el Almendral y el distrito financiero adyacente al Puerto. Esto explica por qué el 25% del total de viajes punta mañana son absorbidos por estos tres barrios, pese a que solo representan menos el 5% de la superficie del Área Metropolitana. Por esta razón, dado que el empleo de los segmentos medios y vulnerables depende de la concentración demográfica y la interacción espacial, es que las medidas de cuarentena tendrán un inevitable impacto empobrecedor.

A esto, hay que sumar el empleo informal que representa al 30% de la fuerza laboral del país. Desde comerciantes ambulantes hasta conductores de UBER, deambulan por los centros intentando mejorar sus ingresos día a día. Para todos ellos, las medidas de aislamiento y cuarentena significan un desastre y en la práctica tienen muy pocas posibilidades de cumplirlo. Estas medidas funcionan para quienes cuentan con empleos estables, bien remunerados o que pueden ahorrar, y que además, dado el grado de sofisticación de su actividad, pueden cumplir con teletrabajo. Para el resto, es una opción dificil. Esto es lo queda en evidencia en las aglomeraciones en los paraderos de buses o estaciones de metro, pese a los llamados de quedarse en la casa.

Las necesarias medidas para “aplanar” la curva de contagios, colocan en jaque el paradigma de la ciudad densa. Además, evidencian la precariedad de cientos de miles de hogares que no tienen condiciones para resistir una cuarentena con condiciones mínimas de calidad. Pero las ciudades no cambian fácilmente. Basta recordar intentos utópicos para cambiar la configuración urbana y  “desdensificar” las ciudades, como es el caso del Plan de Londres de 1942, que intentó sacar población del anillo interior, para llevarla a las ciudades satélites. Tras esto había respetables principios ambientales y sanitarios. El resultado fue el opuesto, ya que el centro de Londres se congestionó aun más, por el aumento de viajes que supuso la expansión urbana. Hoy cualquier intento de limitar la aglomeración urbana tendrá como contraparte un menor crecimiento económico, lo cual se contrapone a las necesidades de las sociedades en desarrollo.

Veremos cuanto resiste la economía de las ciudades con su interacción limitada. Lo que si sabemos, es que en Chile en los últimos 30 años, las ciudades han sido un potente motor de desarrollo y distribución de oportunidades. Habrá que encontrar la manera de combatir en el largo plazo esta pandemia, sin llegar a hundirlas. En ello, los esfuerzos científicos serán claves. Después de todo, la pobreza es una realidad a la cual nadie quiere pertenecer.

Foto: Huawei / Agencia Uno

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