La Felicidad

La Felicidad

24 Julio 2012

Ya nos lo dijo el Presidente uruguayo José Mujica en la Conferencia ONU sobre Desarrollo Sostenible Río+20, “el desarrollo no puede ser en contra de la felicidad, tiene que ser a favor de la felicidad humana”.

María Paz Gálvez >
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La felicidad es quizás el anhelo humano más arraigado en nuestra cultura. No existe persona en el mundo que no quiera ser feliz y que cuyo sentido de vida no tenga como protagonista a la felicidad. Por ende, la pregunta respecto a cómo la alcanzamos se vuelve fundamental en la existencia.

Muchos dirán que el bienestar material es la base para lograr la felicidad, buscan llenarse y llenar a los sujos con bienes y lujos, otros lo sitúan en la plenitud espiritual, en la búsqueda de una experiencia que trascienda.

Probablemente no existe la respuesta definitiva de cómo alcanzarla, pero lo que sí se puede aportar para clarificar este debate, es que el ser humano, como ser intrínsecamente social, no puede ser feliz sino entendiendo que todos tenemos el mismo derecho a serlo y promoviendo una vida en sociedad que en discurso y acción así lo respete.

Ya nos lo dijo el Presidente uruguayo José Mujica en la Conferencia ONU sobre Desarrollo Sostenible Río+20, “el desarrollo no puede ser en contra de la felicidad, tiene que ser a favor de la felicidad humana”.

El desarrollo nos ha vuelto individualistas y competitivos, nuestra sociedad está disgregada, tenemos pocas opciones de encontrarnos con otros diferentes a nosotros, de poner en práctica la tolerancia y el respeto por las opciones de vida que toman las personas.

Tal vez suene algo ingenuo promover la felicidad social, pero es algo que nuestra esencia humana no puede dejar de buscar. Y para empezar, algo básico es poder encontrarnos con el otro. Esto nos hace aumentar nuestro grado de consciencia respecto a la humanidad, crecer en conocimiento respecto a esta.

En este sentido, los cambios más radicales se pueden lograr con acciones concretas, que aunque pequeñas y puntuales, si pueden influir en cómo las personas percibimos el mundo y a los demás.

Los invito a que pongamos en práctica el convivir en sociedad, a conversar no sólo con nuestros amigos, sino con aquellas personas que no conocemos, a encontrar historias de vida muy diferentes a la nuestra y ver el valor y sacrificio de las personas, antes que el prejuicio, a interesarse por los problemáticas sociales aún no resueltas, a ser parte de las soluciones.

No necesitamos ser autoridades para poder aportar al país, no necesitamos todo el dinero del mundo ni todo el poder político para lograr cambios.

Tal vez no vamos a saber jamás cuál es la receta que nos hará felices, pero sabemos que una sociedad más justa e igualitaria será un gran avance hacia eso que tanto anhelamos.