Personaje típico de Valparaíso "motemei" decide colgar el farol y la canasta

Carlos Martínez, el tradicional vendedor de mote más conocido como ‘el motemei porteño’, decidió colgar el farol y la canasta para emigrar a la Capital en busca de posibilidades laborales.

Imagen de Corresponsal El Martutino
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14 de Octubre, 2013 09:10

Por Oscar Rosales

  Carlos Martínez se definía a sí mismo como el último motero de Valparaíso. Durante muchos años se encargó de preservar con tesón y entusiasmo este tradicional personaje típico cuyos orígenes en Chile se remontan a los tiempos de la Colonia. Ataviado con su poncho y sus ojotas y portando su farol y su canasta, era posible verlo recorriendo las calles de los cerros del puerto ofreciendo sus productos con su inconfundible pregón.

Y al parecer esa imagen será otra postal de ese Valparaíso que ya no existe, de esa mágica ciudad que empezó a perder los elementos más distintivos de su identidad con la misma rapidez que han pasado los 10 años desde su designación como patrimonio de la humanidad ante la UNESCO, pues ante la falta de apoyo y por problemas económicos, el vendedor de mote decidió colgar su pintoresco atuendo y partir a Santiago en busca de trabajo.

Carlos Martínez, quien ahora se encuentra en la Capital y vistiendo uniforme de una empresa de seguridad, explica que “me vine a Santiago a trabajar porque en Valparaíso no hay futuro para mi personaje; me vi obligado a emigrar de mi querido puerto”. El motemei señala que lo que terminó de gatillar su decisión fue la pasada celebración de fiestas patrias, donde evidenció la falta de interés y apoyo por su labor y lo que ésta representa. “Estoy muy sentido con mi gente porteña. Esperaba que me invitaran para trabajar en fiestas patrias, pero nadie me dio ninguna oportunidad. En esos días estaba muy mal de money y colapsé. Me vi obligado a bajar la persiana con mi personaje. Desde septiembre que estoy instalado en Santiago…se acabó el motemei porteño”, asegura.

Una de las últimas esperanzas que abrigaba el vendedor de mote para continuar con su tradición, era que el Gobierno le concediera una pensión de gracia como personaje valioso, como parte importante de nuestro folclor, pero eso jamás se concretó. Pese a todo, decidió retirarse en silencio porque “tenía mucha pena y no quise decir nada; simplemente desaparecí. Y no quiero que se me hagan recuerdos y homenajes cuando muera, por eso decidí retirarme de lo público”.

Al ser consultado sobre la reflexión final que hace ante el hecho no menor de que Valparaíso se queda sin un valioso personaje típico, el motero comenta con cierta resignación que se trata sólo de otro caso donde “un personaje desaparece de la historia de mi lindo puerto, como han desaparecido tantos otros. Ojalá que esto sirva para que las autoridades se pongan las pilas con lo que todavía queda, para que mi Valparaíso no pierda ese gran galardón de patrimonio de la humanidad y que no se pierdan las raíces tan bellas de nuestro pancho querido”. Y sin perder su sonrisa, envía un saludo a la ciudad en cuyas quebradas todavía resuena el eco de sus pregones a través de “un gran abrazo a esos porteños de corazón que supieron respetar a este personaje que siempre estuvo ahí, donde las papas queman”.

A finales de este mes llega a Valparaíso la delegación de la UNESCO para evaluar los avances de la ciudad en materia patrimonial. El tradicional vendedor de mote no estará presente para recibirlos.

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