Siempre Soñando
Una vivencia de la ciudad, en la voz de Viviana Muñoz.
Me bajo del bus y prefiero subir a un trole, diviso un grupo de caninos, algunos durmiendo, otros cruzando por el paso de cebra y con luz verde… se nota que son de calle. Prefiero caminar así que llego al paradero frente a plaza Victoria, miro las estatuas de los leones donde mi papá me subía cuando era una niña y observo las damas que representan las cuatro estaciones, siempre tan majestuosas. No muy lejos están los columpios y ese barco pirata que una vez pedí detener por miedo, recuerdo también ese resbalín que para mi era un desafío subir y que por seguridad dejó de existir. Al otro lado se ve a lo lejos el museo Cielo Abierto, donde las pinturas a pesar de ser restauradas aún se esconden bajo algún graffiti inentendible.
Sigo caminando, paso por Condell, visito el J’Cruz y muy pronto llego a la reconocidísima calle Bellavista. Finalmente, me dentengo en plaza Aníbal Pinto. Decido subir. A paso lento, entre tiendas y colectivos, entre adoquines y cemento, llego al mirador.
¡Precioso todo! Los barcos, los botes, las gaviotas y palomas… su colorida envoltura.
Camino hacia más arriba, entre callejones, sonrisas y saludos. Me tomo un café y llego a un museo: Lukas, que casa tenías eh! Envidio tu oficina de trabajo.
Bajo por Urriola y muy luego ya estoy en Sotomayor. Nuevamente me encuentro con un amigo y pienso “eso me gusta de acá”… finalmente nunca se está solo.
Desde abajo se ve Lord Cochrane y Yugoslavo, uno me recuerda mi infancia y el otro, año nuevo. Echaurren es algo distinto, el sol se esconde antes y la experiencia se concentra en las plazas, experiencias que cuentan historias de estibadores y jubilados, todos compartiendo el tiempo bajo la conversación de sus vidas, un juego de damas con tapas de bebida, o bien, su vinacho. Nadie puede juzgar.
Veo a lo lejos el mítico ascensor que sube a 21 de mayo. La misma vista, pero acompañada de más artesanos. Echo un vistazo al museo Naval y Marítimo, pienso si aún estará el cóndor de la esmeralda que mi papá renovó… ah! Y como olvidar esas cervezas que compartí en el local, ese que queda bajando unas escaleras al subterráneo y que guarda en una de sus paredes, la escritura que dejamos el fin de año pasado. Lo que me recuerda que tenemos que regresar.
La imagen se difumina, el sol ya no pega en mi cara ni siento el olor a sal del mar que se extiende amigablemente.
Estiro el brazo, apago la alarma.
Sonrío y pienso “que increíble cómo funciona la mente”.
Me levanto para iniciar mi semana en santiago, pero siempre soñando…




ViviQue excelente lo que
Vivi
Que excelente lo que escribiste, para la gente que somos de valparaíso y que por circunstancias de la vida trabajamos en santiago, es como una caricia en el alma......De hecho para mi la mejor manera de poder mantenerse bien, es todos los dias al comenzar el día, sobre todo cuando voy pegada a la puerta del metro o con la gente pegandote empujones en la micro, pensar en tan linda ciudad, en la que gente que quieres y sobre todo siempre teniendo presente que cada fin de semana vuelvo a mi maravillosa ciudad para dejar el estres santiguino...osino no duraría mas de una semana en la capital sin respirar ese exquisito olor a mar ! jajaja
Un abrazo grande!!!!