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Matías Orellana, sin justicia, sin rehabilitación, sin reparación: El abandono de las víctimas de trauma ocular en Chile

13 Julio 2020

Un video grabado en el momento del ataque a su persona, asomaba como prueba fundamental en la investigación de su caso. Pero no ha existido progreso judicial alguno. 

Gabriela Verdug... >
authenticated user Corresponsal Corresponsal Ciudadano

Matías Orellana, viñamarino y wanderino, siempre soñó con estudiar en Valparaíso. Sus cerros, el mar, su historia y su gente. Demasiadas razones para anhelar el vivir en la ciudad puerto.

Se instaló en pleno corazón “playanchino” y como estudiante de pedagogía en educación física, se empapó de vocación y propósito en la principal casa de estudios pedagógicos de Chile.

Su mirada humanista y social lo llevó a realizar práctica profesional en el tradicional establecimiento educacional “Niños Cantores” de Viña del Mar, lugar donde fue prontamente contratado dado su talento y carisma como profesor.

La vida avanzaba veloz e intensa. El año 2019 Matías logró comprar una bicicleta y gozaba moverse raudo entre quebradas y el “plan”, en la geografía imposible de Valparaíso y Viña del Mar.

El mes de octubre lo envolvió todo de levantamiento popular. El denominado estallido social convulsionó cada rincón del país. El Gran Valparaíso no fue la excepción.

Un año escolar distinto, con suspensión de clases y con realización de cabildos junto a estudiantes, dejaron a Matías en una reflexión profunda sobre el momento histórico por el que estaba transitando.

“Antes que me dispararan, los niños opinaban en los cabildos que organizamos en el colegio y condenaban el actuar violento de las fuerzas armadas, era algo unánime, todos decían que eso estaba mal.”

Matías recuerda esos días de fines del 2019, con las palabras de sus estudiantes haciendo eco en la memoria. Quizás como algo premonitorio de lo que le tocaría vivir el 31 de diciembre y que lo transformaría en un caso emblemático de violación de derechos humanos en Chile.

La noche de año nuevo, tras abrazar a su familia, Matías decidió alcanzar a sus amigos en Valparaíso. Era parte de una tradición de años con sus amistades. Dudó ir a Valpo dado los altos niveles de violencia que se habían vivido en las últimas semanas. Pero a último minuto definió alcanzarlos.

Se reunieron en la entrada de la ciudad puerto a la altura de Cerro Barón y caminaron en grupo hasta el sector de Plaza Aníbal Pinto, donde el ambiente ya estaba tenso y violento, con barricadas y el actuar de fuerzas especiales de carabineros.

Subieron por calle Cumming para estar a protegidos. Uno de sus amigos bajó a ver lo que ocurría muy cerca de una barricada.

Matías, preocupado por su amigo, también se acercó a ese sector. 

“De pronto, veo una luz y siento que me llega algo en el ojo. No perdí el conocimiento. Estaba lleno de sangre, así que me entregué a la multitud que se agolpó junto a mi. Me llevaron al hospital y me quedé dormido con un calmante. Desperté el otro día, luego de la operación. Nunca sentí dolor, tenía la adrenalina por las nubes. Considerando que explotó mi ojo y que el cráneo se me fracturó en veinte partes en el lóbulo frontal, es impresionante no haber sentido dolor.”

“Sabía que me había llegado una lacrimógena. Me explicaron que había tenido un tec abierto y que era una situación complicada porque mi cerebro había estado expuesto al ambiente. Me indicaron que si me salía agua por la nariz debía avisar de inmediato, porque tenía una fístula y me deberían operar de inmediato para evitar filtración de líquido encéfalo raquídeo.”

“Luego me hicieron la evisceración. Fueron días intensos porque sentía sangre húmeda y mi ojo muerto.”

“Ahí empecé a pensar: Yo estuve en una guerra. Efectivamente estuve en esa guerra que anunció Piñera. Yo era un herido.”

Fueron días de abrumadora sensación de derrota, de gran frustración, por entender que su vida desde ese punto tenía un antes y un después, no solo por la dramática y extrema situación que estaba sobrellevando, sino además por lo que estaba pasando a nivel país, con cientos de víctimas por trauma ocular y cientos de denuncias por violaciones de derechos humanos en un país bramando por acabar con la desigualdad.

“A mis 26 años, y habiendo pasado toda mi vida abanderado por los derechos humanos, asistiendo a marchas, levantando banderas por la justicia y el nunca más, convencido de defender eso con mi vida. ¿Para qué? Para luego confirmar que ese nunca más era mentira, porque en mi país se seguían violando los derechos humanos.”

Matías hace una pausa. Nos explica que como sobreviviente de este trauma se aprende, pero que no pretende que este hecho le robe su vida.

La bomba lacrimógena golpeó a Matías en un diámetro de 5 cm y le quebró el hueso frontal, el hueso nasal, y además le provocó fractura del hueso de la órbita de su ojo.

Tras complejas intervenciones quirúrgicas, vino el proceso de recuperación en que su cuerpo debió adecuarse a la ausencia de un ojo. Matías intentaba caminar algunos metros pero se mareaba al límite del vómito.

Con sus conocimientos como pedagogo de educación física comprendió que se venía un período de trabajo intenso y duro. 

En el Hospital Carlos Van Buren de Valparaíso, recibió atención integral. En las afueras del recinto hospitalario, se reunían decenas y hasta centenares de amigos, colegas y familiares exigiendo justicia y el término de un actuar de la fuerza policial, que ya sumaba a 430 víctimas de trauma ocular en todo el país. Matías era la víctima 401.

Rápidamente se volvió en un caso emblema. Un caso feroz que confirmaba que usar perdigones, balines o bombas lacrimógenas contra la ciudadanía estaba causando estragos, ubicando a Chile en un escenario de alarma internacional en que diversas entidades gremiales y de derechos humanos exigían el cese de este actuar.

“Salí del hospital con ganas de que se esclareciera todo, de que se supiera al fin toda la verdad y se determinaran responsabilidades por lo que me había ocurrido.”

La alta exposición mediática del caso de Matías, el hecho de ser docente y su vínculo activo con su universidad, le permitió ser parte de una red de academia y organismos internacionales de derechos humanos, que le invitaron a exponer sobre su caso ante la Organización de Naciones Unidas en Ginebra, el 26 de febrero del 2020, donde habló sobre la “violencia descorazonada de carabineros. Chile despertó, y no hay disparo al rostro que ciegue nuestros sueños.” 

Su gira por Europa lo tuvo en Bruselas, Londres, París y Berlín. En cada país la condena hacia las violaciones a los derechos humanos en Chile fue siempre unánime.

Regresó con energías renovadas. Un video grabado en el momento del ataque a su persona, asomaba como prueba fundamental en la investigación de su caso. Pero no ha existido progreso judicial alguno. 

“Esto es indignante. Es muy importante que la gente sepa que hay antecedentes en fiscalía sobre las agresiones que hemos recibido las víctimas de trauma ocular. Pero no se hace nada. No hay pruebas suficientes, no hay cámaras, no hay grabaciones. En mi caso existe un video, pero no hay culpables. Pasan los meses y no hay responsables.”

“Hay muchos cabros que están perdiendo la visión del otro ojo y eso me da angustia. Sufro de intensos dolores de cabeza y me da temor que esté pasando algo en mi otro ojo.”

Matías hace parte de la Coordinadora de Víctimas Trauma Ocular que reúne 120 casos. Están actuando en bloque denunciando abandono del Estado.

El Programa Integral de Reparación Ocular (PIRO) que implementó el Minsal en diciembre del 2019, concentra la atención de rehabilitacion oftalmológica en el hospital El Salvador en Santiago. De hecho el protesista está en ese hospital. Sin embargo, el programa no cubre gastos de transporte, alimentación ni hospedaje. Por lo tanto, seguir con un tratamiento integral es inviable, especialmente para víctimas que viven en regiones apartadas de la capital.

“Tengo pendiente mi prótesis ocular. Pero con la pandemia está todo en pausa.”

“Estuve muy cerca de la muerte. Sé que me puedo morir en cualquier momento, así que debo cumplir mis sueños y no ahogarme en cosas negativas. Estoy tratando de no sentir todas las barreras que nos han impuesto.” 

“Hay una frase de la canción de Fito Páez, ‘Al otro lado del camino’, que me ha hecho sentido: ‘no es bueno nunca hacerse de enemigos que no estén a la altura del conflicto’. Así que decidí que debe pasar el agua. Que pase el río y se lleve las piedras malas.”

Matías junto a otras 460 víctimas de trauma ocular, enviaron recientemente una carta al Ministerio de Salud y al Hospital El Salvador, acusando la falta de atención médica y apoyo en medio de la pandemia. 

Así avanza en su precaria rehabilitación. Mientras, ‘al otro lado del camino’ hay un país y una comunidad internacional esperando justicia y reparación para su caso y el de cientos de chilenas y chilenos víctimas de trauma ocular. 

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