Conciliar urbanismo y sostenibilidad: El desafío de Concón

Conciliar urbanismo y sostenibilidad: El desafío de Concón

05 Agosto 2020
Raimundo Tapia >
authenticated user Corresponsal Corresponsal Ciudadano

Hace décadas que el mundo científico viene alertando sobre la necesidad de formar entornos y maneras de vivir más armónicas para asegurar nuestra supervivencia en la tierra. Esto implica establecer un profundo replanteamiento de las relaciones de los grupos humanos entre sí y con el medio ambiente, pero sobretodo implica abordar nuevas estrategias para generar un desarrollo urbano sostenible, ya que es en las ciudades donde vive la mayoría de la población y por ende donde se concentra el grueso de la actividad humana. 

Chile, como consecuencia de la globalización, se ha convertido en un país altamente urbanizado. La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) estima que actualmente el 89% de los chilenos vive en ciudades, y se proyecta que para 2025 el 91% resida en un área urbana. Y si bien las ciudades presentan ciertas ventajas con respecto a la vida rural, principalmente en cuanto al acceso que supone a educación, salud, cultura y a trabajos mejor remunerados, la rápida urbanización implica también serios desafíos medioambientales, relativos a los suministros de agua potable, el tratamiento de aguas servidas, el entorno de vida y la salud pública, por mencionar algunos.

Expansión urbana en Concón 

La comuna de Concón es un claro ejemplo de esta rápida expansión urbana, y quizás uno de los casos más extremos del país. Según datos censales, la población comunal ha aumentado en más de un 123% desde 1992, mostrando una de las variaciones censales más elevadas. Junto con esto, la comuna presenta un importante crecimiento inmobiliario debido a la construcción de edificios destinados a segunda vivienda, lo cual entre otras cosas, ha modificado totalmente el paisaje de la zona (ver fotos).

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Según la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) en su informe de Urbanización y Sostenibilidad, la construcción de este tipo de mega urbanizaciones especulativas representan auténticos atentados a la sostenibilidad, en áreas de gran valor ecológico y paisajístico, donde además no existe garantía de agua para su suministro, sobre todo si se considera la fuerte sequía que afecta al país y particularmente a nuestra región.

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Perspectiva local para un desafío global

Todo esto invita a cuestionarnos por un lado qué tipo de ciudad queremos habitar, pero fundamentalmente a cómo la ciudad puede contribuir de forma positiva a nuestro desarrollo y calidad de vida. Sin duda, parte de la respuesta implica una mayor participación de la ciudadanía en los asuntos que atañen al uso del territorio, los cual es uno de los ejes principales hacia una mayor sostenibilidad urbana y territorial.

En este sentido, ya en el año 2013 la revista de urbanismo de la Universidad de Chile arroja conclusiones similares en este artículo sobre el impacto del desarrollo inmobiliario en los balnearios de la zona central de Chile. Para el caso de Concón específicamente, se considera que “dependerá de la coordinación entre la comunidad y la institucionalidad local mejorar las condiciones de gestión y las normas para no hacer insostenible las problemáticas derivadas del impacto sobre los nuevos barrios residenciales en altura sobre un espacio urbano no habilitado para esa función.”.

Otra de las partes fundamentales en este asunto son las empresas inmobiliarias, ya que son éstas quienes impulsan el crecimiento de las ciudades, y que además tendrán un rol preponderante en la reactivación económica del país. Es hoy más que nunca que es necesario que se involucren con la comunidad, que realicen todos los Estudios de Impacto Ambiental necesarios a la hora de construir y que sean un verdadero aporte al desarrollo, que no es lo mismo que crecimiento. La sostenibilidad hace hincapié en la “responsabilidad colectiva para hacer frente al conjunto de desafíos a los que se enfrenta la humanidad, apostando por la cooperación y la defensa del interés general” (Bybee, 1991), por lo que instancias locales que permitan un diálogo propositivo son claves para dar con las soluciones a nivel nacional y global.