Junta de Vecinos de Placilla celebra sus 5 años: “La vida en comunidad es un valor social que no podemos perder”

Junta de Vecinos de Placilla celebra sus 5 años: “La vida en comunidad es un valor social que no podemos perder”

14 Julio 2018

La junta de vecinos Altos Ideales de Curauma cumple cinco años de vida y junto con anunciar una gran celebración, su directiva comparte una mirada retrospectiva del camino recorrido y de las implicancias del rol del dirigente en los tiempos que corren.

El Martutino >
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Con una gran tallarinata y entretenidos sorteos de bingo, la junta de vecinos Altos Ideales de Curauma celebrará sus cinco años de activo trabajo comunitario, el sábado 21 de julio desde las 20:00 hrs., en su sede ubicada en Arrayanes 137-A, Altos de Curauma, Placilla.

La conmemoración resulta más que merecida, no solo por lo difícil que es la sobrevivencia de este tipo de instituciones en los tiempos actuales, sino también porque su historia no comenzó de la mejor manera: Luego de conformar su primera directiva en el año 2013, realizaron la solicitud del comodato de la sede social que le correspondía a su sector y recibieron una infraestructura completamente destruida y saqueada. “La municipalidad retrasó tanto la tramitación del comodato, que pasaron varios meses en que el inmueble fue vandalizado, al punto que recibimos un equipamiento con su instalación eléctrica dañada, sin baños, con divisiones internas en ruinas y sin puertas ni ventanas”, recuerda Oscar Rosales, presidente de la organización, y agrega que “la municipalidad, a través de su Dideco de ese entonces, Dante Iturrieta, se comprometió a reparar completamente la edificación, pero la verdad es que no pusieron ni siquiera un clavo y tuvimos que recuperarla nosotros mismos vía fondos concursables como Fondeve, por lo que nuestros comienzos fueron con una desventaja que fuimos capaces de sortear”.

Sin embargo, hoy en día su sede social tiene una cara completamente distinta, con todas sus instalaciones habilitadas, una ampliación para bodega, radier, cierre perimetral y hasta un bellísimo mural de mosaico en homenaje a Violeta Parra en una de sus fachadas, todo producto de la labor desarrollada por los dirigentes en conjunto con algunos vecinos del barrio. Y es que la efectividad ha sido el sello característico de las múltiples y constantes acciones que esta junta de vecinos impulsa como parte de su gestión. En estos 5 años, han generado en su vecindario talleres artísticos gratuitos de audiovisual para niños, literatura, danza, fotografía, mosaico; instalaron una red de televigilancia y organizaron a la comunidad a través de talleres de seguridad vecinal, además de lograr que el sector sea incorporado a la red de monitoreo que está conectada a la central de comunicaciones de carabineros; han realizado masivos operativos para mascotas (siendo el más reciente el de instalación de microchip de identificación obligatorio), charlas e instalación de dispositivos de ahorro de agua para la vivienda, plebiscitos infantiles, conversatorios de orientación jurídica, visitas de escritores y hasta jornadas cívicas de intercambio político en tiempos de elecciones, sin obviar, por supuesto, los tradicionales eventos de día del niño, fiestas patrias y navidad en el barrio.

Pese a todos estos avances, Rosales reconoce que no ha sido sencillo organizar y motivar la participación comunitaria en el sector, dado que en Altos de Curauma viven cerca de 400 familias, por lo que el nivel de concurrencia a las asambleas y otras actividades debería ser mucho mayor. Respecto a las causas de esto, el dirigente señala que “al tratarse de un barrio nuevo, cuesta congregar a la gente en torno al sentido de comunidad, puesto que tenemos una historia en común que recién se está escribiendo, los elementos identitarios que nos definan se están construyendo y no tenemos ese componente esencial  de la memoria compartida por generaciones que se han criado juntas conviviendo en el mismo espacio; además, a nivel de grupo etario, acá viven principalmente familias jóvenes, que trabajan y que tienen hijos pequeños, por lo que su tiempo libre prefieren dedicarlo a actividades personales en lugar de asistir a las asambleas vecinales o colaborar en instancias de trabajo colectivo”.

La directiva de la junta de vecinos está compuesta por ocho cargos, pero por diversos motivos, sólo tres son los que están actualmente en ejercicio, complementando al presidente la tesorera Ámbar Valenzuela y la directora suplente Magdalena Vallejos. Ambas son madres y reconocen que lo más complejo de su labor social es lograr la participación de los demás: “Lo más difícil es contagiar y motivar a los vecinos a participar activamente en nuestras actividades, que siempre son decididas colectivamente y pensadas en beneficio de todos los que vivimos acá”, dice la tesorera. Pese a todo, no se desalientan y su perseverancia ha demostrado ser mayor a cualquier obstáculo: “A mí me motiva el servicio a la comunidad, el tener la oportunidad de conocerte entre vecinos,  ya que esto también nos ayuda para combatir la delincuencia”, dice Magdalena y Ámbar asegura que destina tiempo a esto para “poder aportar a crear una comunidad más unida, en donde la gente se conozca y se apoye, para así volver a vivir en comunidad más allá del individualismo que se ve hoy en día en todas las  personas”.

El presidente de Altos Ideales, que completa ya su segundo período al frente de la organización, reconoce que “no ha sido cosa fácil, pues generalmente faltan manos y mucha gente no se atreve a asumir un cargo por temor al compromiso que eso implica, pero a los que sí lo hacemos nos exigen mucho y a veces, cuando las cosas no son como una persona las esperaba o si no pudiste resolverles un conflicto puntual, las críticas y los comentarios al margen no se hacen esperar y no siempre son las más constructivos. Pero uno trata de seguir adelante, pues personalmente creo que desde que aceptas ser parte de un proyecto habitacional que compartirás con otras personas, es tu deber involucrarte más allá de tu metro cuadrado y destinar parte de tu tiempo a construir comunidad, porque, después de todo, la vida en comunidad es un valor social que no nos podemos dar el lujo de perder, es aquello que nos permite contar con un espacio común que nos otorgua sentido de pertenencia, en el que nos sabemos seguros y donde podemos apoyarnos ante las dificultades; la comunidad es parte esencial de lo que nos define como seres humanos”.

Más allá de las dificultades, los tres dirigentes coinciden en que el sentido de responsabilidad y el resultado de su trabajo los mantiene vigentes y sin decaer en sus gestiones. Para finalizar, Rosales comparte el que para él fue uno de los hitos más significativos: “Recuerdo nuestra primera celebración barrial de Navidad, el año 2013, cuando sucedió que el Viejo Pascuero se nos bajó un día antes del evento; con gran angustia, por no fallarle a los niños, nos lanzamos a la titánica tarea de encontrar un Viejo Pascuero el mismo 24 de diciembre en la tarde ¡y lo conseguimos! La celebración fue antes de las doce de la noche y a pesar que la sede aún estaba en ruinas, se congregó una multitud de familias completas a cantar villancicos y compartir buenos deseos; ese momento me dejó claro que la comunidad puede ser posible y es algo por lo que hay que seguir luchando”.

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