Las lentejas, un plato de toda la vida

Las lentejas, un plato de toda la vida

13 Octubre 2020

Yo tengo el recuerdo de las lentejas de mi abuela, ella, las preparaba cada semana, los lunes, todos los lunes había lentejas en mí casa. Y esa preparación tenía la sencillez de los tiempos, la sabiduría de la abuela, que hacía lentejas como hacía pan, como hacía todo lo que hacía.

Marcelo Beltrand >
authenticated user Corresponsal Corresponsal Ciudadano

Creo que las lentejas deben estar dentro de los platos más típicos y preferidos en una casa. Comemos lentejas desde siempre. Desde niño venimos escuchando, comiendo y comentando sobre las lentejas. En cada casa, alguna vez, la madre, la abuela, la tía, la esposa, el padre, el hermano o el tío, han cocinado lentejas; y en cada casa, la hija, el hijo, el primo, el amigo del amigo, el hermano del amigo, ha dicho que no le gustan las lentejas. Siempre hay alguien que dice, que comenta que no le gustan las lentejas pero que las come igual, y que cuando se indaga un poco más, cuando se pregunta, nos contara una historia al respecto: mi madre las preparaba así… mi tía las hacía de esta forma…

Yo tengo el recuerdo de las lentejas de mi abuela, ella, las preparaba cada semana, los lunes, todos los lunes había lentejas en mí casa. Y esa preparación tenía la sencillez de los tiempos, la sabiduría de la abuela, que hacía lentejas como hacía pan, como hacía todo lo que hacía.

Hemos comido tantas lentejas en la vida que pareciera que las conocemos, pero creo, que no siempre es así. La lenteja es un alimento con una alta concentración de nutrientes. Sus proteínas vegetales, aunque en buena cantidad, son incompletas, puesto que son deficitarias en metionina (aminoácido esencial), si se combinan con cereales como la avena o el maíz, ricos en dicho aminoácido, se convierten en proteínas de alto valor biológico, equiparable a las que aportan los alimentos de origen animal.

En general, la preparación de las lentejas es muy fácil, a mí me gusta prepararlas con un sofrito de cebolla, ajo, algo de ají, cilantro, zanahorias y longaniza. Pero cuando las cocino, primero, les agrego unos dientes de ajo, zanahoria y un trozo de longaniza, el agua, sal y pimienta. Cuando ya están blandas, preparo el sofrito y se lo agrego, también le adiciono arroz, poco. Y cuando ya están listas, un chorrito de leche, sumándole así, algo de cremosidad.

Las lentejas son originarias del Medio Oriente. Los primeros indicios de su cultivo se habrían encontrado en la zona de Israel, hace unos 7000 años, constituyendo una de las primeras plantas en ser cultivadas. La civilización egipcia se destacó por su cultivo intensivo y por ser los primeros exportadores de lentejas de la Antigüedad.  Era la comida destinada a la realeza. Pero también fue la comida de los obreros  que construyeron la gran pirámide de Keops. En cambio, los griegos y los romanos la consideraban un alimento destinado únicamente a los pobres, o para aquellos que querían dar muestras de pobreza y humildad, como algunos filósofos o religiosos. Según Apiano, natural de Alejandría, que ocupó altos puestos como funcionario en Egipto a mediados del siglo II d. C,  la lenteja era el plato principal de las cenas funerarias. Para Apiano, era esta virtud de alegrar a los deprimidos, llorosos y desesperados la que incitó a los romanos a servirlas durante las cenas de duelo familiar.

Durante un tiempo, recuerdo que comimos las lentejas como ensalada. Primero se cocinan con sal, luego, y cuando ya están blandas se escurre el agua y se dejan enfriar. Posteriormente, se pica cebolla en juliana, exprimimos jugo de naranja y picamos cilantro. Ahora, colocamos las lentejas en una ensaladera y le agregamos la cebolla, el cilantro, el jugo de naranja, sal, algo de pimienta, revolvemos y listo. Esta ensalada les sorprenderá por las texturas, y lo sabroso de ella.

Las lentejas son ideales para la dieta, pues contienen solamente 230 calorías por ración, además de provocar saciedad gracias a su fibra; protegen la salud del corazón, al reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares; por su alto contenido en hierro, ayudan a evitar la anemia; reduce los niveles de colesterol y mantienen los niveles de azúcar en sangre estables, por lo que se recomienda su consumo a personas con diabetes; previenen el estreñimiento; su aporte de ácido fólico es ideal para mujeres embarazadas; ayuda a prevenir deformaciones en la placenta y otras complicaciones como anencefalia o espina bífida; el potasio que contienen las lentejas regula los fluidos corporales y previenen la hipertensión; protegen el sistema nervioso debido a su contenido de las vitaminas del grupo B. 

 

Las lentejas las podemos comer de muchas formas: con arroz, como croquetas, tortilla de lentejas, lentejas para tacos, lentejas con pastas, lentejas en sopa o cremas. En fin, las lentejas son ese plato de toda la vida. Mi abuela las preparaba y yo las comía y después, ya cuando el sol bajaba, todas las tardes, a las cinco, mi abuela, después de dormir una siesta, se refrescaba la cara, se mojaba el pelo y se aplicaba colonia. A la cinco de la tarde mi abuela era otra, revivía, era como si la modorra de la siesta, de la tarde, del calor y el ruido de la calle se hubiesen esfumado, como si la tarde comenzara a esa hora, con nuevos bríos, con nuevos ánimos. Mi abuela a esa hora, a las cinco, después de salir perfumada del dormitorio, iba a comprar el pan. Iba sola, no lo gustaba que nadie la acompañara. Salía y yo la veía alejarse mientras doblaba la esquina. Caminaba ágil pero pausado, con pasos seguros. Me gustaba verla ir a comprar el pan esas tardes de verano a las cinco. Porque, con ella, la vida daba un reinicio, la tarde se prolongaba, se extendía hasta más allá gracias a mi abuela, porque ella era capaz de que todo volviera a comenzar. Era capaz de dividir el día en dos, era capaz de cocinar lentejas, cada lunes, allá, cuando yo era niño.

Las lentejas, un plato de toda la vida